18/04/2026
Hablen con sus adolescentes. No lo posterguen más.
No esperen a que pase algo grave para recién abrir los ojos.
No esperen señales extremas.
No esperen a que el problema entre por la puerta de su casa.
Pregunten. Insistan. Escuchen de verdad.
Aunque respondan mal.
Aunque no quieran hablar.
Aunque parezca que no pasa nada.
Porque muchas veces sí pasa… y ustedes no lo están viendo.
Hablen de los retos virales.
Hablen del cuidado del cuerpo y del corazón.
Enséñenles a diferenciar una broma de una agresión.
Pregunten con quién están, quiénes son sus amigos, qué consumen, qué ven, qué callan.
No todo grupo es sano.
Y si para pertenecer tienen que lastimarse o lastimar a otros, no es amistad: es presión, es vacío, es peligro.
Díganles que valen.
Pero no solo con palabras… con presencia.
Con tiempo.
Con límites.
Porque amar no es dar todo.
Amar también es decir NO.
Amar es incomodar.
Amar es corregir.
Amar es estar, aunque cueste.
Dejarles todo “porque yo no lo tuve” no es amor:
es abandono disfrazado.
Celulares sin control.
Salidas sin límites.
Libertad sin guía.
Eso no los hace felices.
Los deja solos.
Y un adolescente solo… es un adolescente expuesto.
Hoy todavía estás a tiempo.
Hoy todavía podés meterte.
Hoy todavía podés cambiar el rumbo.
Un “no” a tiempo.
Un abrazo.
Una conversación incómoda.
Una tarde juntos.
Una palabra de afirmación.
Puede salvar una vida.
Tus hijos no necesitan más cosas.
Te necesitan a vos.
Se merecen una vida mejor.
Y Dios no te dio ese hijo por casualidad.
Te lo confió a vos.
No es la escuela.
No es el Estado.
Sos vos.
Hablá hoy.
Hablá ahora.
Profe Lucía Wutzke
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