14/03/2023
Gracias a esos brazos colectivos por no abandonarnos , por no dejarnos caer , por abrazar con el alma , por la lucha incansable , gracias a las que sienten desde su ser acompañar con respeto y empatía .
Nos acostumbramos a vestir remeras con la imagen de nuestras hijas como bandera de lucha, cuando muchas veíamos a las pibas gritar desde la cocina de nuestras casas.
Nos acostumbramos a mencionar el nombre de nuestras hijas al lado de un presente imperfecto porque no están acá presentes, están presentes en la memoria colectiva de aquellas que no queremos olvidar. Están presentes en el grito masivo del pedido de justicia que se parece más a un ruego para que alguien escuche, se acuerde, investigue, llegue hasta la verdad. Una verdad que no nos va a devolver a la vida de antes, que nos dejará por siempre en este presente repleto de ausencias que no hay nada que lo vaya a llenar.
Perdimos hasta nuestra identidad, ya no tenemos nombre, somos la madre de, la tía de, la hermana, la hija…
Perdimos esa vida que supimos construir y nos toca aprender a vivir cargando dolor, angustia, desolación, impotencia, ansiedad.
Aprendimos que aquello que parecía imposible, nos puede pasar. Y que esos abrazos colectivos que miramos como espectadoras, son ahora los que nos sostienen y tejen redes para que si caemos, no sea al vacío, porque hay otras ahí para atajarnos, escucharnos, darnos fuerzas, tomar aire y volver a empezar.