02/06/2026
Soñé con mi abuelita. Ella era un pequeño cuerpito blando, como al final de sus días, ya no podía ver y yo la llevaba casi cargada entre mis brazos. Bajábamos las gradas desde la casa al taller de lanas y telas. Además yo llevaba en un plato unas papas cocidas, redonditas con un huevito frito, como a ella le gustaban. Mientras bajábamos alguien se acercó a preguntarle. ¿Cuántos años tiene? Mi abuelita le dijo 93.
En el sueño, que siempre es caprichoso, no llegábamos al taller, era un sueño del tránsito entre casa y taller. En las gradas que la abuela subió cientos, miles de veces.
Al despertarme esta mañana aún sentía entre mis brazos su presencia menuda y cálida. Pienso que la tengo muy presente ahora que escribo mi tesis, en donde ella es un referente mayor. Ahora que pienso mucho en ella, en sus motivaciones en sus tejidos precisos y en los dejados a medias cuando perdió la visión.
Hace unos días mi tío, quien sabe de mi investigación, me envió las fotos de la máquina de coser que mi abuela dejó en su casa junto a unos tejidos. En el mensaje mi tío decía "pocos han entendido lo que la mami hacía con estos tejidos lo que ha dejado aquí es muy valioso". Yo viví muchos años junto a mi abuelita, de ella me ha quedado el carácter y el oficio. Me hubiera gustado agradecerle en el sueño a mi Marujita por este camino tan bonito que los textiles me hacen transitar. De todas maneras lanzó al universo las gracias y las envío a la profundidad de mis ser, en donde mi abuelita también vive.
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