22/04/2026
He pasado por muchas cosas… y no siempre tuve fuerzas, aunque desde fuera pareciera que sí.
Salí de una relación que no me dolió perder, me dio paz.
Pero después vinieron decisiones, errores, intentos de llenar vacíos, y caminos que no siempre fueron los correctos.
Viví situaciones que nunca imaginé tolerar: ambientes pesados, ruido, alcohol, desorden… incluso cosas que ponían en riesgo mi tranquilidad y la de mis hijos.
Y aun así, me quedé más tiempo del que debía, tratando de sostener, de entender, de ayudar.
Después intenté construir algo distinto… pero volví a encontrar mentiras, desgaste, y una relación que poco a poco dejó de ser amor para convertirse en una carga.
Mientras tanto, también fui mamá.
Y eso ha sido de lo más duro.
Tomé decisiones difíciles intentando proteger, incluso cuando mis hijos no lo entendieron.
Escuché palabras que me rompieron, reproches que pesan… y aun así seguí intentando, aunque por dentro ya estuviera cansada.
En el trabajo, he tenido que luchar contra etiquetas, contra percepciones, contra momentos donde parece que lo que haces nunca es suficiente.
Y aun así, me levanto todos los días a seguir.
Muchos ven a alguien fuerte.
Pero la verdad es que también me he sentido rota, agotada, confundida.
Y hoy entiendo algo:
La resiliencia no siempre se ve bonita.
No siempre es seguir sin parar.
No siempre es aguantar todo.
A veces, ser resiliente es aceptar que ya no puedes más.
Que estás cansada.
Que necesitas soltar.
Que tienes derecho a rendirte… pero no de la vida, sino de lo que te está rompiendo.
Hoy no me veo con nadie.
Hoy no quiero cargar a nadie.
Hoy quiero paz.
Quiero dormir sin interrupciones.
Quiero una casa en silencio.
Quiero dejar de sentir que amar es una obligación que pesa.
Y en medio de todo eso, he entendido algo muy importante:
No soy perfecta.
Me he equivocado.
Pero también he sostenido más de lo que muchos hubieran podido.
Y hoy, elegir soltar no es debilidad.
Es amor propio.
Si estás pasando por algo así, quiero decirte esto:
No tienes que poder con todo.
No tienes que seguir donde ya no eres feliz.
Y sí… también tienes derecho a rendirte.
Pero rendirte de lo que te duele…
para volver a ti.