19/07/2026
Cada parte de tus ojos cumple una tarea específica para que puedas ver el mundo con claridad. Si una de ellas deja de funcionar correctamente, la visión también puede verse afectada.
La córnea es la primera superficie transparente del ojo. Su función es permitir el paso de la luz y comenzar a enfocarla.
Después, la luz atraviesa la pupila, una abertura cuyo tamaño cambia constantemente gracias al iris, la parte que da color a los ojos y regula cuánta luz entra.
Más adentro se encuentra el cristalino, una lente natural que ajusta el enfoque para que puedas ver tanto de cerca como de lejos.
El interior del ojo está lleno de una sustancia transparente llamada humor vítreo, que ayuda a mantener la forma del ojo y permite que la luz llegue hasta el fondo.
En la parte posterior está la retina, una fina capa que transforma la luz en señales eléctricas.
Estas señales viajan por el nervio óptico hasta el cerebro, que finalmente las interpreta y forma las imágenes que vemos.
Rodeando la retina se encuentra la coroides, una capa rica en vasos sanguíneos que aporta oxígeno y nutrientes para mantener sano el ojo.
La capa más externa es la esclerótica, el tejido blanco y resistente que protege al globo ocular y le da su forma.
Ver no depende únicamente de los ojos. En realidad, es el trabajo conjunto entre todas estas estructuras y el cerebro lo que hace posible reconocer colores, formas, movimientos y rostros.