08/06/2026
De todos los recuerdos —y que aún no terminan de decantar— que tengo alrededor del Indio, el único que logró sacarme una carcajada mientras mi mente se hundía en un vórtice cada vez más profundo es el de una noche de mi juventud en un antro platense conocido por sus shows en vivo de cumbia.
Disfrutábamos tanto del cachengue con mis amigas que, en cada pausa entre tema y tema, yo me colgaba del borde del escenario y gritaba: “¡Toquen una de Los Redondos!”.
Fue como a la quinta vez que se levantó el batero y, como un padre con los huevos al plato, muy respetuosamente se agachó y me dijo: “Amiga, yo también amo a Los Redondos, pero ahora estamos laburando y toca hacer cumbia”.
Yo cómo buena cabeza de termo, me sentí… bastante.
Grabé este vestido en un spot mejor, con mejor pelo y make up, pero esta es la cara del viernes de la desidia: en el patio donde se cocinó el color y la textura, antes de empaquetarlo y enviarlo.
CEMPOHUALXOCHITL DRESS >>> dorado oxidado y azul gastado: una combinación que me cautivó desde que empecé a confeccionarlo y que, cuando terminé, descubrí que era la misma del arte de tapa de Lobo Suelto, Cordero Atado.
Te amo, Indio. Tengo mil anécdotas mejores pero solo me hacen llorar y ya no me queda agua en el cuerpo.
Gracias. ☆☆☆