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En 1974, Doris Bither, una madre soltera con cuatro hijos, vivía en una casa de Culver City, California cuando empezó a ...
14/01/2026

En 1974, Doris Bither, una madre soltera con cuatro hijos, vivía en una casa de Culver City, California cuando empezó a experimentar fenómenos extraños que describió como ataques por entidades invisibles.

Doris relató que formas luminosas y transparentes aparecían en la casa, objetos se movían o caían solos, y ella fue atacada físicamente por entidades invisibles — que según sus descripciones la sujetaban y la agredían de manera violenta.
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Llamó a los parapsicólogos Barry Taff y Kerry Gaynor, quienes trabajaban en la Universidad de California en Los Ángeles. A partir del 22 de agosto de 1974, realizaron una investigación de varias semanas, observando fenómenos como luces extrañas, olores desagradables, “zonas frías” y objetos moviéndose por sí mismos.
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Se tomaron fotografías con cámaras Polaroid y de 35 mm que mostraban luces y áreas sobreexpuestas. Los investigadores concluyeron que había actividad poltergeist, aunque estas imágenes también pudieron deberse a errores en la película o en la técnica fotográfica.
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Algunos investigadores más recientes sugieren que la fuente de la energía poltergeist podría haber sido emocional o psicológica de la propia Doris, en lugar de entidades externas, y que la investigación original careció de controles científicos estrictos.
University of California

El caso inspiró la película The Entity (1982) y sigue siendo uno de los reportes más perturbadores de fenómenos paranormales en EE. UU. sin explicación definitiva.

14/01/2026

13/01/2026

13/01/2026

Cuando Mateo encendió la linterna de su móvil, su haz de luz reveló lo que nunca debió ver. Al final del pasillo, agazapada como una araña mal construida, estaba la entidad.
​Su anatomía: Medía casi tres metros de largo, pero su cuerpo era tan delgado que parecía compuesto únicamente por tendones y huesos afilados cubiertos por una piel traslúcida y grisácea, similar al pergamino mojado.
​Las extremidades: Sus brazos eran desproporcionadamente largos, con tres codos en cada uno que crujían con cada movimiento. En lugar de manos, tenía manojos de dedos alargados y multiarticulados, terminados en agujas de hueso negro.
​El rostro (o la falta de él): No tenía ojos ni nariz. En su lugar, una hendidura vertical recorría toda su cabeza. Cuando la criatura detectó el calor de Mateo, la hendidura se abrió lateralmente, revelando hileras interminables de dientes finos como alfileres y una lengua bifurcada que goteaba un líquido negro y espeso.
​Su mirada: Lo más aterrador no era su cara, sino los cientos de pequeños ojos humanos que tapizaban sus hombros y espalda, moviéndose de forma independiente, parpadeando al unísono cuando la luz los tocaba.
​El encuentro
​Mateo se quedó petrificado. El ser no corría; se desplazaba con una elegancia obscena, trepando por las paredes mientras sus dedos-aguja se clavaban en el concreto con un chasquido metálico.
​La criatura se detuvo a solo un metro de él. El aire se llenó de un olor a ozono y carne rancia. El Arúspice no atacó de inmediato; simplemente extendió una de sus manos infinitas y tocó suavemente la mejilla de Mateo. El frío era absoluto, un frío que no solo enfriaba la piel, sino que parecía succionar los recuerdos.
​—Solo un suspiro... —siseó la criatura, no con una voz, sino proyectando la idea directamente en la mente de Mateo.
​Mateo intentó gritar, pero su voz se extinguió. Sintió cómo los dedos del ser se introducían, sin romper la piel, directamente hacia sus pulmones. El Arúspice no buscaba su sangre; buscaba el último aliento de terror puro que una persona exhala antes de morir.
​A la mañana siguiente, el guardia de seguridad encontró a Mateo sentado en su escritorio. No tenía heridas, pero su cabello se había vuelto blanco y sus ojos, completamente abiertos, estaban vacíos. En su rostro no había dolor, sino la expresión de alguien que había visto el vacío y se había quedado a vivir en él.

13/01/2026

pueblo entero sabía que a las 3:17 a.m. no debías entrar a la iglesia. Yo entré. Las velas se encendieron solas y los bancos crujieron cuando algo invisible se sentó. El altar estaba cubierto de símbolos raspados con dientes.
Entonces comenzó la misa. Voces graves rezaban en un idioma que hacía sangrar los oídos. Vi figuras sin rostro arrodilladas, con sotanas pegadas a la piel como carne podrida.
El sacerdote giró lentamente la cabeza hacia mí. No tenía ojos.
—Llegas tarde —susurró—. Tú eres el sacrificio.
Hoy la iglesia está cerrada. Pero a las 3:17… alguien reza con mi voz.

12/01/2026

12/01/2026

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11/01/2026

10/01/2026

10/01/2026

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