10/06/2025
Talisa: un ángel prestado 🩶
Hoy mi corazĂłn llora la partida de Mamitalisa. Pero entre el dolor y las lágrimas, siento sobre todo gratitud. Gratitud con Dios y con la Virgen, porque me prestaron un ángel que iluminĂł mi vida con su bondad, su alegrĂa y su fe inquebrantable.
Ella fue quien me enseñó a amar a Dios. Fue ella quien me preparó con ternura y paciencia para mi primera comunión, sembrando en mà una fe que hasta hoy me sostiene. Con su ejemplo incansable me mostró lo que significa servir, no de palabra, sino con acciones llenas de amor. Y me enseñó cuáles son las cosas que de verdad importan, esas que alimentan el alma y que permanecen para siempre. A ella le debo todo lo que soy.
Las despedidas son generalmente tristes, pero en el caso de Mamitalisa, es imposible no verlo como una celebraciĂłn. Porque llega al cielo un alma buena, noble y de gran corazĂłn. Su risa contagiosa la precedĂa, una risa que llenaba cualquier espacio. Le encantaba reĂrse de sĂ misma y, junto a sus hermanas, encontraban material para reĂrse permanentemente.
Recuerdo tambiĂ©n su calma en los momentos difĂciles. Ella me enseñó que tantas cosas terrenales que creemos indispensables, en realidad no lo son. Su fe era firme, viva, autĂ©ntica. Me contaba con emociĂłn cada detalle de sus viajes con el grupo carismático: los milagros que presenciaba en las misas de sanaciĂłn, las reacciones de sus compañeras, y siempre añadĂa algĂşn comentario jocoso, porque la chispa nunca le faltĂł.
Y entre todas esas memorias, hay una que me acompañará siempre: el piano que tocaba con tanto amor. Hoy siento la melancolĂa de su mĂşsica, como un eco suave que me la devuelve por un instante.
Me despido de Mamitalisa con el corazón apretado, pero también con la certeza de que su alma descansa en la paz de Dios y cerca de sus seres queridos. Ella me dejó el tesoro más grande: su fe, su ejemplo, su amor.