24/06/2019
Caminaba en silencio por una iglesia antigua de un pueblo no tan lejano. Despojada de todo y con un papel en la mano. La misa fue demasiado tranquila, tanto que a ella no le hubiese gustado ni un poco.
Ella fue la persona más guerrera que vi en mi vida. Muy por fuera de la época en la que se crió, a los diez años soportó arroz en sus rodillas por no callar sus pensamientos, su vida apenas comenzaba y para ella, ningún dolor iba a ser más fuerte, que el de su pensamiento aplastado... Caminó sola por la vida hasta conocer a su marido, el abuelo Ángel, quién muy lejos de ser la imagen de hogar que ella buscaba, sacó su lado más luchador. Soportó cosas irreproducibles por darle una familia a sus hijos; quienes, unos años más tarde, la impulsaron a echar a ese hombre de la casa. Salió a trabajar y juntos salieron adelante.
Si me preguntan qué recuerdo tengo de ella, me viene a la mente una tarde en la que con mamá fuimos a su casa.. Yo cuando la veía la sentía como a un hombre, no sabía qué significaba eso, yo tenía apenas 6 años. Para mi era fuerte como un hombre.. Claro, la sociedad que me crió no me había dicho el secreto más grande del mundo: las mujeres son super poderosas. Y ella fue el claro ejemplo de que eso es así, en una época donde la mujer no era nada ella lo fue todo: madre y abuela, trabajadora e independiente y sobre todo: imparable.
Ya estábamos fuera de la iglesia, caminamos al auto y conducimos recordando todo lo que vivió. Todavía tenía aquel papel en mi mano, hecho un bollo. Lo abro y leo:
HOY DESPEDIMOS A CATALINA ROMELIA TRAVESA.
Era la primera vez que escuchaba el nombre ROMELIA. Sonreí, porque ella era eso: un mundo de historias nuevas por contar... Había vivido tanto y con tanta intensidad y valentía, que cuando buscamos un nombre para este proyecto, no dudamos que ella sería protagonista.