10/02/2024
Creo en los pasos lentos, en el tiempo necesario para cada cosa, en las fortalezas formadas por las pequeñas construcciones de cada día, porque son esas las que no se caen con el primer viento.
Esos pasos que afirman con fuerza cada aprendizaje, sintiendo todo.
Saborear despacito una comida caliente, detenerse a oler una flor, el avistaje silencioso de un ave.
También en la tristeza que irrumpe de golpe por algún recuerdo de alguien que ya no está, dejar caer las lágrimas poco a poco, esas que si no salen duelen más.
Creo que las cosas que viven intensamente pero paradójicamente en la pausa, no todo lo intenso es necesariamente es rápido.
Todo eso que la constancia hace más sólido, por eso confío más en la belleza del viaje, que en la creencia de un destino.
Cuando me permito sentirlo todo, lo que me inunda de alegría pero también aquello duele, entiendo lo que significa y el mensaje que llega a mi, entiendo que algo importante se esconde en esos segundos, incluso de incertidumbre.
Creo en los pasos lentos, esos que en un segundo sienten la tierra, el barro, o la arena caliente, sin la necesidad de salir corriendo porque ese estímulo es necesario para entender a donde vamos después.
A veces lo rápido sale caro, no se saboreó lo suficiente como para darnos el tiempo de saber, si es lo que elegimos comer, y admito que soy una persona impulsiva, que siempre decidí con el primer latido de mi corazón, pero siempre caminé lentamente en mi interior, aprendí lentamente para guardarlo todo, disfruté cada segundo, supe bucear despacio en el mar.
Valorar los regalos de la vida, entender que los quiebres que nos cambian profundamente no son magia, sino el resultado de una serie de sucesos que nos fueron transformando en el camino.
Cada pequeño paso es el que le da sentido al camino, caminar lento, como quien respira la vida misma, despacito, en cada aliento, mantenernos aprendices, sin dejar de sorprendernos.
Descalza ✨
Que tengan un hermoso finde ❤️