31/08/2026
Ropero Ambulante: cuatro años intentando ser escuchado por el Municipio
Después de varios días del festejo por el Día de las Infancias que realizamos desde Ropero Ambulante Colón, sentimos la necesidad de hacer público algo que venimos atravesando desde hace cuatro años y que, hasta ahora, decidimos transitar con paciencia, intentando siempre encontrar canales de diálogo institucional.
Ropero Ambulante nació y se sostiene desde la comunidad, con vecinos y vecinas que colaboran, donan, organizan y ponen su tiempo y su trabajo para que nuestras infancias tengan acceso a un espacio de encuentro, juego, merienda y celebración.
Durante estos cuatro años, nuestro vínculo con el Municipio de Colón ha sido, en términos concretos, el de una organización que solicita acompañamiento y que encuentra sistemáticamente puertas cerradas.
El primer año, para nuestro festejo en barrio San Francisco, solicitamos únicamente algo tan básico como el acceso a una toma de electricidad para poder enchufar los elementos que necesitábamos. Cuando llegamos al lugar, la toma tenía un candado. Finalmente, un vecino fue quien nos permitió resolver la situación.
El segundo año decidimos no pedir absolutamente nada, ya que contamos con la ayuda de vecinos del barrio San Francisco.
El tercer año presentamos, con aproximadamente un mes de anticipación y por Mesa de Entradas del Municipio, una nota solicitando utilizar la sede del Plan Libertad para nuestro festejo. Durante semanas no obtuvimos respuesta. Nos presentamos personalmente en reiteradas oportunidades intentando hablar con el intendente José Luis Walser y con Juan Pablo Villalba, responsable del área de Desarrollo Social, sin conseguir ser atendidos.
Llegamos al punto de quedarnos en la Municipalidad esperando una respuesta. Finalmente fuimos atendidos por Gimena, esposa del intendente, quien nos manifestó que las sedes municipales no podían ser prestadas para actividades que no fueran festejos oficiales del Municipio, bajo el argumento de que, si se nos otorgaba ese espacio a nosotros, debía otorgársele a cualquier otra organización que lo solicitara.
Aceptamos esa explicación. No discutimos. No exigimos privilegios. Simplemente la entendimos como un criterio general que debía aplicarse de la misma manera para todas las organizaciones.
Pero este año sucedió algo que, como mínimo, merece una explicación pública.
Nuevamente presentamos nuestra nota formalmente y, nuevamente, no obtuvimos respuesta.
Mientras tanto, desde las propias redes oficiales del Municipio se difundió un video mostrando el trabajo de otra organización en la sede San Gabriel, una organización que tampoco constituye, según lo que pudimos observar, una actividad oficial del Municipio.
Y es justamente ahí donde aparece nuestra pregunta.
Si una organización comunitaria puede utilizar y trabajar dentro de una sede municipal, ¿por qué a Ropero Ambulante se le explicó que eso no era posible?
No estamos cuestionando que otra organización reciba acompañamiento. Todo lo contrario: creemos que las organizaciones comunitarias deben ser acompañadas.
Lo que cuestionamos es que los criterios no parezcan ser iguales para todos.
Este año, para poder realizar nuestro festejo, tuvimos que salir nuevamente a resolver por nuestros propios medios cuestiones básicas.
Tuvimos que conseguir un baño químico, conseguir electricidad con la ayuda de los vecinos y, aunque el festejo se realizaba en la sede del Plan Libertad, las tortas fritas y el chocolate tuvieron que prepararse en la casa de un vecino, porque tampoco contábamos allí con las condiciones necesarias para hacerlo.
Y esto tiene para nosotros un significado todavía más profundo.
Yo me crié en el barrio plan libertad, cuando esta sede todavía no existía. Vi crecer la sede del Plan Libertad. La vi convertirse en parte de la vida cotidiana de nuestro barrio.
Por eso, llegar al punto de organizar una actividad para nuestros niños y niñas en una sede que vi crecer y sentir que no podemos contar siquiera con los servicios y elementos básicos para llevar adelante un festejo comunitario es, al menos, doloroso.
Porque no estamos hablando de un lugar ajeno. Estamos hablando de un espacio que sentimos parte de nuestra comunidad.
Durante estos cuatro años nunca hemos pedido dinero ni pretendimos que el Estado hiciera nuestro trabajo. Hemos solicitado, en distintas oportunidades, cuestiones concretas que podrían facilitar una actividad destinada a las infancias de nuestra comunidad: un espacio, acceso a servicios básicos, mesas, tablones o simplemente la posibilidad de sentarnos a conversar y explicar qué hacemos.
Y ni siquiera eso hemos conseguido de manera sostenida.
Este año, nuevamente intentamos acercarnos personalmente. Nuevamente no fuimos recibidos.
La única respuesta pública que obtuvimos llegó a través de un programa de radio conducido por Laura Benítez, luego de que enviáramos un mensaje manifestando que hacía aproximadamente un mes habíamos presentado una nota ante el Municipio y todavía no habíamos recibido respuesta.
En ese programa se encontraban Juan Pablo Villalba y Kolankowsky. Allí, ante nuestro planteo, Villalba manifestó que yo sí había recibido una respuesta y que no debía mentir.
Por eso quiero ser absolutamente clara:
No estoy hablando desde un rumor. Estoy hablando desde mi experiencia y desde documentación que respalda lo que estoy diciendo.
Tenemos las notas presentadas, las fechas, los registros y las distintas pruebas de las situaciones relatadas. Y estamos dispuestos a ponerlas a disposición de quien corresponda.
No escribo esto para atacar personalmente a ningún funcionario. Tampoco para pedir un trato preferencial.
Lo hago porque creo que las organizaciones comunitarias tenemos derecho a saber con qué criterios se decide a quién se acompaña, a quién se escucha y a quién se le abren las puertas de los espacios públicos.
Ropero Ambulante no es una organización que aparece únicamente para organizar un festejo. Trabajamos durante todo el año. Recibimos donaciones, clasificamos ropa, acompañamos familias y generamos acciones comunitarias porque entendemos que el cuidado de las infancias y el acceso a derechos no pueden depender exclusivamente de la capacidad económica de cada familia.
Y también entendemos algo fundamental desde una perspectiva de trabajo comunitario: cuando una comunidad se organiza para garantizar derechos y construir espacios para sus niños y niñas, las instituciones públicas deberían fortalecer esas redes, no debilitarlas.
No pedimos privilegios.
Pedimos igualdad de criterios, transparencia, diálogo y respeto por el trabajo comunitario.
Si existe una normativa que determina que las sedes municipales no pueden ser utilizadas por organizaciones como la nuestra, queremos conocerla.
Si existen criterios para autorizar su utilización, queremos conocer cuáles son.
Y si esos criterios son diferentes según la organización que solicita el espacio, creemos que también corresponde explicar por qué.
Porque después de cuatro años, la pregunta ya no es solamente por qué no nos ayudan.
La pregunta es:
¿Por qué a algunas organizaciones se les abren las puertas y a Ropero Ambulante se le siguen cerrando?
Tenemos derecho a preguntar.
Y quienes ocupan responsabilidades públicas tienen la obligación de responder.
Ropero Ambulante Colón