27/07/2019
Entonces te volviste madre... Tenías un millón de planes para tu vida, soñabas un millón de sueños.
Pero te volviste madre.
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Dormías sobre tu cama y te despertabas a las 10 de la mañana.
Pero te volviste madre.
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Tenías un montón de amigas que te llamaban y te llamaban para salir siempre.
Pero te volviste madre.
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Leías un libro por semana y ponías al día una serie al mes.
Pero te volviste madre.
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Te hacías las uñas y te hidratabas el cabello todo el fin de semana.
Pero te volviste madre.
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Salías sin prisas y sin preocupaciones.
Pero te volviste madre.
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Pero te volviste madre y te diste cuenta de que tus planes y tus sueños no llegan ni cerca de la felicidad que tu hijo (a) te transmite.
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Que su sonrisa es más transformador que cualquier viaje y que sus conquistas te dan más satisfacción que cualquier conquista tuya.
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Pero te volviste madre
y descubriste una fuerza más allá de lo normal, una fuerza que te guía al amanecer.
Fuerza que te hace sonreír
incluso después de dormir cuatro horas por noche.
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Pero te volviste madre
y cambiaste tus libros por libros infantiles
y tu serie por dibujos animados,
y quieres saber. También son interesantes.
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Pero te volviste madre
y te haces un moño torpe en el cabello y quedas maravillosa con él,
y las uñas, no son tan importantes como eso.
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Pero te volviste madre
y conociste a amigas madres también, y es tan increíble compartir
el universo de la maternidad con ellas.
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Te volviste madre
y tus paseos son tan insignificantes,
porque cuando llegas a casa
te ves con esa criatura que cambió toda tu vida
y te das cuenta de que sin ella
no habrías sentido ninguna de las cosas que ahora sientes.
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Te volviste madre y el universo se queda pequeño
a lado del gran amor que en ti creaste.
-Ron Israel-