31/07/2025
Pensar la maternidad: una decisión consciente, no un mandato
A medida que fui creciendo, mi mente se fue llenando de mandatos. Aprendí, sin querer, que los hombres eran nuestros salvadores, que la plenitud femenina llegaba con el casamiento, y que tener hijos era la meta final.
Por suerte, el tiempo transforma. Y esa mirada también cambió.
Hace unos días, en el jardín, lo viví en vivo y en directo.
Era la hora de Inglés y, como introducción después del descanso, les puse una de mis canciones favoritas de Disney: Colores en el viento, de la gran Pocahontas (¡qué mujer!).
Mientras veíamos el video, los comentarios no tardaron en llegar:
—¿Por qué se dan un beso? —preguntó un niño.
—Porque antes las princesas se casaban —respondió otra, con total naturalidad.
Ahí lo supe: lo que para nuestra generación era mandato, hoy ya no está tan instalado.
Las infancias actuales crecen con mayor libertad para elegir. Con menos peso de lo heredado. Con más espacio para cuestionar.
Y desde ese lugar creo urgente volver a poner sobre la mesa el tema de traer un hijo al mundo.
No puede ser una decisión tomada por impulso, por miedo, por llenar un vacío… o simplemente por seguir el guión aprendido.
Porque si se hace desde la “calentura del momento”, la crianza nos enfrenta con demonios que ni sabíamos que habitaban.
Lo vemos todo el tiempo:
Mujeres que cargan a sus hijos como si fueran una extensión de sí mismas.
Parejas que se disuelven cuando aparece el bebé.
Hombres criados en la lógica del machismo que se sienten desplazados, celosos, fuera de escena. Falta de red. Falta de equipo. Falta de diálogo real.
Sergio Sinay habla de orfandad emocional: hijos con padres presentes físicamente, pero ausentes simbólicamente.
Y Martha Caballero nos recuerda que ser adulto responsable implica poner palabras, modular, sostener con coherencia.
🌱 Traer un hijo al mundo debería ser un acto de amor consciente, no un mandato.
Un deseo genuino, compartido, donde haya lugar para el respeto, el trabajo en equipo, el crecimiento.
No por miedo. No por costumbre. No porque “ya es hora”. Como mujer, como adulta, me llena de esperanza saber que las nuevasgeneracionesestánsembrando algodistinto.