19/04/2026
Las personas que me conocen saben que amo escribir... desde muy chica, desde aquel libro que recibí de mi profesora de segundo grado, aquellos cuentos que me transportaban a mundos inimaginables a paisajes que no solía ver en aquella capital limeña con su cielo panza de b***o. También en las tareas habituales y jornadas largas de lectura y redacción en la universidad... ¡qué buenos tiempos! O aquellas cartas que enviaba a mi bovio (ahora esposo) desde Perú hasta Argentina y viceversa con dedicatorias de un amor sincero que solo proviene de nuestro amado Dios🌷
Muchos de ustedes mis queridos amigos y clientes de Mi Dulce Wawa no lo sabían y aunque mi pluma ha estado un poco oxidada debido a otras labores de suma urgencia e importancia, hoy decidí compartirles algunos pensamientos que venían a mi mente y que suelo escribir en mi cuenta personal, pero les abro mi corazón y una cartita a mis peques.
Queridos hijos Sam y Pipe, todo se vuelve rutinario cuando los días se hacen largos y la pila de ropa crece y se tiñe de color rojo, sí tipico de mi amada tierra colorada... sí, me siento agitada
Días en los que los juguetes parecen perder su magia y ustedes sólo quieren los brazos de mamá y la atención que entre labores y tareas trato de brindarles...
Días en los que mi maternidad parece correr en un mundo insípido en un mundo donde todo es fugaz y se corre todo el tiempo, muchas veces sin saborear el proceso.
Hoy me detuve, me detuve a pensar en lo avanzado, en lo ganado, en lo perdido, pero sobre todo en el ahora. Hoy no corrí, hoy lavé autitos sucios llenos de barro que muestran pequeñas manos (y las de papá) jugando. Hoy vi estos autitos rotos mientras cepillada sus llantas y reía, de niña alguna vez imaginé jugar con muñecas y peinar cabellos y trenzarlos, pero nunca me vi abrazando autos, jugando a la fuerza, corriendo tras su imponente energía y zapatos sucios por imaginar mundos por conquistar...
Hoy veía esos autitos y mi corazón se hizo pasita, Dios es tan bueno. Hoy lavo autitos y, aunque parece una labor silenciosa e indigna de aplausos, mientras en ustedes genere un sentimiento de gratitud a Papá Dios, me quedo contenta.