10/03/2021
🖤 Van pasando mujeres 🖤
Desde que empezamos el jardín y luego en la primaria, cada tanto, cuando con mi hermano recibíamos un mensaje de felicitación de la maestra en el cuaderno (o el boletín) mi mamá en algún momento nos hacía un regalo. A veces eran juguetes sencillitos, baratos, que vendían en el supermercado del barrio. Otras, objetos que ella consideraba era lindo o importante que tuviéramos, que los compraba en alguna de las librería-regalerías de camino a la escuela.
Años después, ya de grande, entendí que esa era su forma de decirnos "te quiero, estoy orgullosa de vos", ya que no era habitual en ella hacerlo con palabras.
Se puede decir que así empezó un poco mi pasión por las miniaturas (recuerdo ese juego de mueblecitos plásticos con los que jugaba armando "la casita" en el pedazo de alfombra que había abajo de mi cama); el amor por la lectura y la escritura (¿podrían creer que estando tan sólo en 2do grado, escribí el guión entero de un acto escolar para la conmemoración de San Martín, con los diálogos de cada personaje y todo); la adoración por los chocolates y esa suerte de "obsesión" minuciosa por organizar y ordenar "cositas".
Hete aquí algo de todo eso que aún conservo: una latita de bombones "selectos" que supe compartir en familia un invierno y ya vacío devino en "guardatodo"; mi primer libro de poesías (infaltable cada noche antes de dormir, como bien recomendaba su autor, Pipo Pescador y por eso lo nombró "Libro de Cabecera"); y estas piezas de bijouterie, que hoy veo tan pequeñas...
Entre dijes y anillitos encuentro tantos colores, un conejo, una vaquita de San Antonio, un trébol, un corazón, perlas. Eran mis "joyas", que con la mayor delicadeza reservaba para usarlas sólo en ocasiones importantes: un cumpleaños, Navidad, el fin de año escolar... ¡hasta para ir al odontólogo!. No importaba si la ropa que tenía puesta no era la mejor, si ese día estaba medio triste o no me sentía bien, tanto sólo el momento de buscar en esas cajitas antes de salir, abrirlas y seleccionar entre sus contenidos cuál de todos me iba a poner, bastaba para sentirme hermosa, inteligente, fuerte, capaz...
Como si fuera magia. Como cuando en los dibujitos alguien tiene algo que, invocando, le otorga poderes. Incluso una nueva identidad supernatural, una oportunidad de transformarse y mejorar. Tiempo después el cáncer de mama se la llevó, yo crecí en tamaño y en edad y por obvias razones dejé de usar "mis joyas". Pero pienso siempre cuán importante es, en la construcción de lo que llamamos el "ser mujer", estar rodeadas de otras mujeres. Como decía Alfonsina Storni: "van pasando mujeres". Y lo que somos, es el resultado de las mujeres que fueron y que siguen pasando, frente a nosotras, con nosotras, junto a nosotras, a nuestro lado. Que siempre están ahí y con tan solo pensarlas, invocarlas, leerlas, escucharlas, citarlas, nos recuerdan que la fuerza sí existe en nuestro interior. Y que no necesitamos de mucho para ser y hacer de todo. Lo que deseemos, lo que queramos.