29/06/2026
El talento engaña, la actitud sostiene
De joven me pasaba algo curioso. Cuando llevaba una novia a casa para presentarla a mi mamá, muchas veces ocurría lo mismo.
Si era muy linda, de esas que entraban y llamaban la atención, mi mamá me decía:
Huevo, no me gusta para vos.
En cambio, cuando era una chica servicial, predispuesta, de esas que ayudaban sin que nadie se lo pidiera, mi mamá decía:
Esta sí me gusta. Es amorosa.
Con los jugadores me pasó algo parecido durante toda mi carrera.
Los talentosos eran los que parecían tocados por una varita mágica. Jugaban fácil, tenían recursos naturales y condiciones extraordinarias.
Pero no siempre eran los más comprometidos.
En cambio estaban los otros.
Los que no tenían todo regalado.
Los que si dejaban de entrenar unos días sufrían cada tiro.
Los que eran los primeros en llegar y los últimos en irse.
Los que se tiraban de cabeza por una pelota.
Y el básquet me enseñó algo simple:
El talento es una ventaja enorme. La actitud es la que te define.
Vi jugadores limitados hacer carreras enormes por no negociar el esfuerzo. Y talentos desaprovechados por ellos mismos, quedar en el camino por confiar solo en lo natural.”
Algunos vivieron de lo que tenían. Otros crecieron con lo que hacían todos los días.
El talento te da un punto de partida. Sumale actitud y podés llegar a las grandes ligas.
Por eso, cuando miro a un jugador joven, no me alcanza con su talento: miro cómo entrena, cómo acepta correcciones y cuánto se entrega al equipo.
Porque el talento, cuando se une con la actitud, te convierte en un jugador totalmente diferente.
Abrazo.
Huevo sanchez