01/06/2026
Porque la cultura no es algo ajeno a nuestra vida cotidiana. No habita solamente en museos, galerías o escenarios; vive en las bibliotecas de barrio, en los talleres comunitarios, en los libros que llegan a las infancias, en las organizaciones que sostienen encuentros y en quienes crean, investigan, educan y comparten conocimientos.
Trabajo desde lo textil, pero también desde la memoria, la educación, la gestión intercultural y el encuentro. Es la cultura la que nos ayuda a comprender nuestra historia, cuestionar las injusticias, desarrollar un pensamiento crítico, empatizar con otras realidades y fortalecer los lazos que nos unen como personas.
Es en la música, los libros, el teatro, los oficios, las artes visuales, la lengua, la memoria de nuestros pueblos y los espacios comunitarios donde seguimos encontrándonos.
Desde este pequeño proyecto textil, sigo creyendo que crear es una forma de resistencia. Que bordar, hacer, enseñar, compartir saberes y abrir preguntas sigue siendo una manera de cuidar la memoria y de imaginar mundos más justos, sensibles y humanos.
Cuando la cultura se debilita, perdemos mucho más que actividades o financiamiento: perdemos la posibilidad de encontrarnos, de reflexionar y de transformarnos colectivamente.
Desde mi vereda, he visto cómo el arte y la creación generan puentes entre personas que quizás nunca se habrían cruzado. He visto cómo la cultura reconstruye el tejido comunitario.
La cultura no es un gasto.
Es una necesidad colectiva.