04/09/2026
Ayer una madre perdió a su hija.
Hoy un hijo pierde a su madre.
Esta mañana fui a despedir a la Rafita.
Y esta noche fui a despedir a Andrea.
Y hoy no puedo dejar de pensar en lo frágil que es la vida.
También pienso en mí. En lo ingrata que puedo sentirme algunas veces. En las veces que no llamo, que no insisto, que no voy. Quizás porque mi manera de querer es distinta. Yo no necesito hablar todos los días ni estar permanentemente con las personas para quererlas. Pero estoy. Y cuando me necesitan, quiero estar.
A veces simplemente no tengo ganas, no tengo energía o necesito ocuparme de mí. Y no sé si eso está bien o mal. Pero días como hoy inevitablemente me hacen preguntarme si podría haber estado más, llamado más, abrazado más.
Nos exigimos tanto con el trabajo, la casa, las responsabilidades y todo lo que “tenemos” que hacer, que se nos olvida lo sencillo.
Abrazar a un hijo.
Abrazar a una mamá.
Abrazar a quien amas.
Conversar sin mirar la hora ni el celular.
Reír. Respirar. Comer algo rico.
Mirar la luna, las nubes, la cordillera, el mar o las flores.
Estar.
Yo también he estado tan cansada de la vida que alguna vez me he preguntado para qué sigo aquí. Y hoy me duele haber llegado a sentir eso. No porque esos momentos no hayan sido reales, sino porque hoy miro la vida desde otro lugar y pienso cuánto vale incluso aquello que damos por sentado.
Esta mañana abracé a una madre que tuvo que despedir a su hija.
Esta noche acompañé a un hijo que tuvo que despedir a su madre.
Y quizás por eso hoy solo quiero recordar algo muy sencillo:
Mientras podamos, abracemos.
Mientras podamos, digamos que queremos.
Mientras podamos, estemos.
Porque la vida, aunque a veces pese muchísimo, es tremendamente frágil
No es casualidad que lleve más de 12 años promoviendo el contacto
Besos al cielo,
Rafaela y Andrea. 🤍