18/08/2026
Estas semanas Colombia ha dolido. Se ha sentido la grieta, la rabia, el cansancio de un país que no se pone de acuerdo ni para llorar juntos.
Y aun así, aquí estoy — abrazando lo pequeño, lo que no exige explicaciones ni bandos. Porque a veces la resistencia no es alzar la voz más fuerte, sino sostenerse sin romperse.
Gaman es paciencia. Es tolerancia. Es esa fuerza callada de elegir no responder al caos con más caos. No es resignación — es dignidad puesta a prueba.
No vengo a decir que lo tengo resuelto. También me falta. También me cuesta. Pero si algo me han enseñado estos mantras es que Ikigai me da el propósito para seguir, Gaman me enseña a resistir sin perder el amor por el camino, y Nankurunaisa me recuerda que, de una forma u otra, todo va a estar bien.
No sé si pensamos igual. Puede que no. Pero ojalá, aunque no coincidamos, podamos tratarnos con respeto — aunque duela, aunque el país entero parezca gritar en direcciones distintas.
Porque el amor por el otro no debería depender de que piense como yo. Debería ser lo mínimo.
Ikigai para avanzar. Gaman para resistir. Nankurunaisa para confiar