16/04/2026
DEFENDAMOS LO NUESTRO!
Ya quisieran los manatíes, las nutrias, el bagre rayado y el bocachico, entre otros, tener tantos políticos "animalistas" que los defiendan.
Durante años la inacción y la negligencia administrativa de los gobiernos y recientemente el manejo de la política ambiental en manos de animalistas sin rigurosidad científica nos llevaron al borde de un colapso ecológico. La decisión de implementar la eutanasia de control para los hipopótamos ha despertado críticas, comentarios y oposición por parte de sectores, ahora bien sí nes una decisión triste, pero es necesario entenderla desde la ética ambiental y no solo desde la empatía individual hacia un solo animal.
La ética animalista tradicional suele enfocarse en el bienestar del individuo sintiente, otorgando un valor intrínseco a cada hipopótamo que debe ser protegido. Sin embargo, abordar este flagelo desde esa única perspectiva no es rigurosa, dado que la ética ecológica nos enseña que la vida no se manifiesta solo en individuos aislados, sino en la integridad de las relaciones de todo un ecosistema.
Al permitir que la población de hipopótamos creciera sin control pasando de 4 a más de 200, quienes tomaban decisiones en el pasado estaban condenando a muerte a miles de individuos de especies nativas como el manatí del Caribe (en peligro de extinción), la nutria neotropical, el bagre rayado (en peligro crítico) y el bocachico (base de la alimentación en el Caribe) están siendo desplazados y asfixiados por la eutrofización y la agresividad de esta especie invasora.
La inacción es una decisión que favorece a una sola especie invasora por encima de toda la biodiversidad que se encuentra amenazada. No obstante, está no es la primera decisión, el estado a causa de los animalistas que hoy dictan la política ambiental venían implementando otras acciones entre ellas la castración que dado su poca efectividad ante su complejidad no es el método adecuado, y que varios países rechazaron llevárselos dado que incluso presentan algunos malformaciones genéticas producto de la endogamia, dado esto, la eutanasia de control, ejecutada bajo estrictos protocolos técnicos, es un acto de defensa de la vida en su máxima expresión, partiendo de la premisa de la protección del equilibrio que sustenta a millones de seres vivos.
Por último, ignorar que las comunidades más empobrecidas del Magdalena Medio viven con miedo a navegar, sufren ataques que dejan discapacidades permanentes, colegios que están cerrados por la amenaza de esta especie y campesinos (as) que ven sus cultivos destruidos, es una forma de clasismo ambiental.
No es ético valorar más la vida de una especie invasora que el bienestar y la seguridad de nuestros ecosistemas. Y sí, en el Magdalena también está pendiente y es necesario hablar de la minería y la contaminación que sufre...