Gao, gabeto, gabinete...
“me voy para el gao, nos vemos en el gabeto, me voy echando para el gao!”
En Cuba, la palabra “gao” es la forma jergal para hogar, casa. El lenguaje coloquial es algo vivo, así como lo son las calles del casco histórico, cambia, se transforma, se suman términos, es en constante evolución. Cuando decidí mudarme, venia con un español básico de secundaria, y el bautizo de fue
go fue en la Habana Vieja, donde mi mínimo español castellano hizo que todo el mundo se riera de mi pronunciación, y que yo no entendiera nada de lo que me decían. Pronto empecé a luchar para entender las palabras arrastradas de los cubanos, “que’ola’, asseree”, “que vuelta”, “mira la yuma esta” (esto era conmigo), “chama, tírame un cabo allí”, “esta’quema’a?”, entre otras expresiones. En Italia la casa de uno es importante: son las raíces, los orígenes, es el lugar de dónde venimos, y donde siempre queremos regresar. Gao es la casa que construyo aquí en Cuba, donde mi corazón se partió a la mitad, parte se quedó en Italia, y parte se aplatanó en La Habana, llegando a enamorarse de sus contrastes, de sus peculiaridades, pero manteniendo su raíz. Una casa, un mercadito, un mixto de influencias, la creatividad y el gusto que vienen de mis orígenes, la materia prima de este hermoso país.