17/05/2026
En la Tierra llueve agua. Eso lo sabemos bien. Pero en otros planetas del sistema solar llueven cosas que ni en la mejor película de ciencia ficción se habrían imaginado.
Empecemos por Saturno. En lo profundo de su interior, a presiones y temperaturas extremas, el helio se separa del hidrógeno igual que el aceite se separa del agua. Esas gotas de helio caen hacia el núcleo del planeta a través de un inmenso océano de hidrógeno metálico líquido. Experimentos recientes con láseres de alta potencia confirmaron que esto realmente ocurre, validando una predicción que los científicos habían hecho hace casi 40 años.
En Venus, la cosa es muy distinta. Las nubes que rodean el planeta están compuestas de ácido sulfúrico, y desde ellas cae una lluvia de ese mismo ácido. El detalle curioso es que esa lluvia nunca llega al suelo: las temperaturas son tan extremas cerca de la superficie que el ácido se evapora antes de tocar tierra.
Neptuno tiene su propia versión. A las profundidades de ese planeta, el metano se congela y cae en forma de nieve o granizo. Algunos modelos científicos incluso sugieren que en Neptuno y Urano podría llover diamante, aunque eso sigue siendo objeto de investigación.
Y luego está la Tierra, donde llueve agua líquida que se filtra en el suelo, llena los ríos y sostiene toda la vida conocida.