Celia Vela

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www.celiavela.com

Nos gusta lo femenino, lo sofisticado, cuidar los detalles, nos interesan los interiores de las piezas tanto como su exterior, trabajamos con pasamanerias y botones antiguos, con los tejidos más avanzados tecnológicamente, con sedas, tules, crêpe de China o chantillys realizados a mano, nos apasiona la buena costura, defendemos una nueva forma de exclusividad, nos rendimos ante un buen trabajo man

ual y nos fascina todo lo que nos trae la innovación en el textil, disfrutamos con nuestro trabajo,... y somos unos románticos, nos encantan los finales felices.

Por cierto, nuestra tienda de   ya vuelve a estar abierta desde el pasado 16 de marzo.
04/04/2021

Por cierto, nuestra tienda de ya vuelve a estar abierta desde el pasado 16 de marzo.

Seguimos con historias que han inspirado alguna de nuestras colecciones y los retratos que dibujó Celia de sus protagoni...
04/04/2021

Seguimos con historias que han inspirado alguna de nuestras colecciones y los retratos que dibujó Celia de sus protagonistas.

“Alice”
Llegamos una semana antes. Decidimos caer en todos los tópicos, para qué disimular con nosotros mismos… El primer día, antes de desayunar, a correr por Central Park. Nos cruzamos a una chica, corriendo como nosotros, que parecía salir de una producción de Vogue. Y nos la seguimos encontrando el resto de mañanas; de hecho, se convirtió en el momento más esperado del día, verla correr con aquellos looks tan sofisticados, con ese cabello tan bien despeinado, con bambas con plataforma de cuña… En fin, fue un milagro que no la paráramos alguna de aquellas mañana, nos moríamos de ganas de hablar con ella. Al fin llegó el penúltimo día, el gran día, ¡el día de la cena! No nos podíamos creer estar allí, pero aún faltaba lo mejor; al llegar a nuestra mesa, estaba ella, allí, de pie, esperando al resto de comensales. Nos presentamos, nos caímos bien, cambiamos las tarjetitas de la mesa para cenar de lado. Vestía un vestido en pedrería que parecía flotar a su alrededor. Se acordaba de nosotros, de que nos habíamos cruzado los últimos días en Central Park. Y se lo preguntamos, ¿qué la empujaba a salir a correr con esos looks tan sofisticados? Y la respuesta nos sorprendió. Por amor. Estaba enamorada de su escritor favorito, del que nadie conocía su cara, ni casi nada, sólo algunos detalles como, por ejemplo, que salía a correr cada mañana por Central Park. Y ella, simplemente, pretendía estar lo más maravillosa posible por si algún día se lo cruzaba aunque ella no pudiera saberlo. Celia se inspiró en ella y en la ilusión que nos regaló esas siete mañanas para diseñar una de sus colecciones.

Seguimos con historias que han inspirado alguna de nuestras colecciones y los retratos que dibujó Celia de sus protagoni...
04/04/2021

Seguimos con historias que han inspirado alguna de nuestras colecciones y los retratos que dibujó Celia de sus protagonistas.

“Galia”
Era media tarde. Bajando del Sacré Coeur, por detrás, o quizá era por la ladera derecha. Era una calle con mucha pendiente, casi no había nadie, empezaba a oscurecer. Teníamos ganas de merendar un poco, ganas de algo dulce.
Algunos locales estaban ocupados por pequeños artesanos, jóvenes, con el aire del talento que busca su lugar sin recursos económicos.
Un local nos llamó fuertemente la atención, estaba al otro lado de la calle. Atravesamos, era una especie de pequeña pastelería, con un par de mesas. Un local viejo pero precioso, su atmósfera seducía. Al ver cómo mirábamos con nuestras narices pegadas al escaparate, una chica nos hizo signos indicándonos que entráramos. Nos miramos y con la mirada nos dijimos: "¿por qué no?".
El mostrador estaba lleno de milhojas, milhojas de nata, de crema, de praliné, de fresa, de café, de azúcar, de cítricos, ... y algunos eran redondos, y otros cuadrados, y unos rectangulares, y otros muy delgados, y unos muy altos, y otros con forma de flor.
Todo tenía un aire delicado, se palpaba la paciencia, el amor por el oficio, la pasión por los detalles, ... La chica, que se llamaba Galia, era eslava y hablaba un poco el castellano porque había trabajado un tiempo en Sevilla antes de trasladarse a París. Su abuela, famosa en su pueblo por sus milhojas, era quien le había enseñado a hacerlos.
No estuvimos demasiado tiempo, el justo para hacernos cuatro comentarios amables y comprarle un milhojas de nata y uno de crema, los clásicos. Eran deliciosos. Pero el recuerdo de aquel local todavía nos persigue.
Celia se inspiró en este recuerdo, el recuerdo de un momento, el recuerdo de un pequeño espacio lleno de talento, de sensibilidad, de pasión, un espacio precioso, con alma ... que, posiblemente, nunca recibirá el reconocimiento que merece para diseñar una de sus colecciones.

Seguimos con historias que han inspirado alguna de nuestras colecciones y los retratos que dibujó Celia de sus protagoni...
09/03/2021

Seguimos con historias que han inspirado alguna de nuestras colecciones y los retratos que dibujó Celia de sus protagonistas.

"Carlota"
Domingo. Calle Balmes, un segundo segunda en una finca antigua. Sorprendentemente, la puerta de entrada está pintada de color rojo con un ribete azul. Es un piso grande, las estancias dan a un jardín interior muy frondoso, precioso, y los cantos de los pájaros lo envuelven todo.
Ayudamos a Carlota. Debe vaciar el piso de su tía Teresita. Era sastresa, se pasó la vida haciendo uniformes militares, era soltera. Pasamos una tarde tranquila, riendo mientras nos probábamos abrigos de comandante del ejército de tierra o uniformes de marina, supusimos que eran encargos que nadie recogió. Celia mueve las cajas llenas de botones dorados y de ovillos de hilo para bordar; en el fondo de un armario encuentra una caja grande de cartón lila, con una libélula pintada en la tapa, que le llama la atención. La abre: botones de nácar, de madera tallada, trozos pequeños de chantilly, de tules con pedrería, unas plumas, unas hojitas de colores hechas a mano con sedas… Nos llama, es extraño, ¿qué hacía con eso? Que misterio. Al atardecer, Carlota ya ha separado todo lo que quiere conservar y lo vamos bajando al coche. Con el coche ya cargado, subimos por última vez a cerrar las ventanas y puertas del piso. Antes de partir, Carlota, que sigue intrigada, nos dice “¡esperad!, el altillo”. “¿Qué altillo?” le preguntamos. La tía Teresita tenía un altillo donde, cuando Carlota era pequeña, le decía que guardaba un tesoro, y cuando ella le preguntaba “¿qué tesoro?”, su tía le respondía: “el tesoro de mis sueños”. “Ya no me acordaba” dice Carlota mientras se dirige hacia el fondo del piso. Y sí, en el altillo encontramos un tesoro: patrones y muestras de piezas maravillosas, llenas de delicadeza, tan sofisticadas, tan femeninas, en tejidos que ya no se hacen, con detalles, pasamanerías, plumas y pedrerías que ahora serían casi imposibles de encontrar. Y también hay una libreta. Carlota empieza a leer. Al poco rato las lágrimas se le escapan sin que se dé cuenta. Celia empieza a notar la falta de aire, siempre que encuentra algo que le emociona, un trabajo que le llega al alma, le pasa lo mismo. Aquellas piezas son preciosas y la historia de la tía Teresita resulta ser la historia de un amor que, al ser imposible ofrecérselo a él, dedicó a unas piezas creadas pensando en todas las ocasiones especiales que imaginaba que habría vivido a su lado.
Cuando estábamos a punto de irnos, con la emoción aún a flor de piel, al ir a cerrar la última ventana, una libélula entró como atraída por la luz, nos sobrevoló a los tres y volvió al jardín de donde había venido.
Lo cerramos todo, bajamos y nos fuimos en el coche. No nos dijimos nada en mucho rato.

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05/03/2021

Seguimos con historias que han inspirado alguna de nuestras colecciones y los retratos que dibujó Celia de sus protagonistas.

"Elvira"
Habíamos coincidido varias veces. Si en cualquier acto veíamos a una señora de aire sofisticado y vestida en color verde esmeralda, no fallaba, era ella. Habíamos descubierto que se llamaba Elvira y que era una viuda muy rica. No sabíamos muy bien por qué, pero nos atraía, siempre nos decíamos que teníamos que conseguir hablar con ella. Finalmente, un día nos armamos de valor y nos acercamos a ella con un ataque de sinceridad: “Hola, ¿qué tal?, nos tiene fascinados”. Por suerte, le caímos en gracia y acabamos tomando unas copas juntos. No pudimos reprimir las ganas de preguntarle por qué siempre vestía de color esmeralda. “Ah, el color esmeralda. ¡Aquel vestido de color verde esmeralda! Es una historia muy larga, ¿seguro que queréis que os la explique? Sí, estamos seguros.
Intentaremos explicarla: Elvira era la pequeña de cinco hermanas que habían perdido a su padre durante la Guerra Civil. Lo habían perdido casi todo, su madre sólo consiguió salvar el baúl de la ropa de luto y medio luto, prendas negras o moradas envueltas con un gran trozo de tafetán verde esmeralda que las protegía. En todos los bailes de su juventud, hasta que fueron logrando casarse, las hermanas vistieron piezas salidas de aquel baúl y transformadas por la madre que con grandes esfuerzos había conseguido mantener la dignidad que su buen apellido merecía. De aquel gran pedazo de tafetán verde esmeralda salió un vestido que se iba modificando y por el que todas suspiraban. Pero el vestido verde siempre se reservaba para la hermana con más posibilidades de obtener una declaración de amor. Cuando ya se habían casado las tres mayores el vestido verde ya estaba bastante ajado, la hermana que hacía cuatro aún lo pudo llevar un par de veces, pero Elvira no lo pudo llevar nunca. Ella, como señal de protesta solía vestir con prendas masculinas, lo que disgustaba mucho a su madre y hacía reír a sus hermanas. Elvira se decía a si misma que no le importaba no vestir el traje verde esmeralda. Pero no era verdad.
Acabó casada con un estraperlista millonario y siempre que se compraba un vestido de fiesta no podía evitar escogerlo en color verde esmeralda.

Seguimos con historias que han inspirado alguna de nuestras colecciones y los retratos que dibujó Celia de sus protagoni...
27/02/2021

Seguimos con historias que han inspirado alguna de nuestras colecciones y los retratos que dibujó Celia de sus protagonistas.

"Cala"
Es un hombre muy guapo, apasionado de las flores, le gusta vestir de blanco y el verde de los árboles. Estudió botánica en el Real Jardín Botánico de Kew y, desde entonces, ha diseñado alguno de los jardines más bellos de Europa. Jamás lo hemos visto haciendo otra cosa que no sea cuidar sus flores y preparar sus proyectos de jardinería. Y siempre lleva sus alpargatas manchadas de colores por el polen, las semillas, la hierba…
Cala se enamoró de él a primera vista. Es fácil encontrársela paseando por la playa. Nuestros veranos, sin sus fiestas, no serían lo mismo; siempre sofisticadas y con ese aire de improvisado, siempre pensadas para que él se sienta cómodo, aunque esto les pase desapercibido a casi todos. Y siempre lleva flores en la cabeza, una o muchas, ladeadas, cerca de su frente. Pensábamos que era para agradarle a él, por compartir con él la pasión por las flores; pero no es esta la razón, un día nos confesó que era la manera que tenía de saber que él seguía enamorado de ella. Y, ¿cómo?, le preguntamos. Su respuesta nos sorprendió: cuando está conmigo, sigue mirándome a los ojos, si no siguiera enamorado, miraría las flores.
Celia se inspiró en ellos y en el deseo de que él no desvíe nunca su mirada de los ojos de ella par crear una de sus colecciones.

27/02/2021

Debido a las restricciones derivadas del estado de alarma, alargamos las vacaciones unos días más.
Os avisaremos en cuanto sepamos qué día volvemos.
Cuidaros.

26/02/2021

En febrero permaneceremos cerrados por vacaciones.
¡Cuidaros!

Durante los próximos días recuperaremos historias que han inspirado alguna de nuestras colecciones y los retratos que di...
26/02/2021

Durante los próximos días recuperaremos historias que han inspirado alguna de nuestras colecciones y los retratos que dibujó Celia de sus protagonistas.
Empezamos por una de 2015:

"Yuko"
Les presentamos en una cena. Ella de Osaka, apasionada de la cultura tradicional japonesa y enamorada de las mariposas, guardaba como un tesoro los kimonos de boda de sus padres. Él de Barcelona, siempre a la búsqueda de lo más nuevo, enamorado de la moda y el diseño. Se enamoraron a primera vista sin confesarlo. Al cabo de un mes, fue el aniversario de él y nos invitó a todos a una cena en un pequeño restaurante del Poblenou. Ella le pidió si podía pasar a buscarla por su piso, él aceptó encantado. Al llegar, la vio bellísima con un vestido ajustado y con una caja de regalo en las manos que extendió hacia él. Durante ese mes, se habían visto a diario, se habían contado sus vidas, anhelos, esperanzas… pero sin declarar los sentimientos que tenían el uno hacía el otro. Él abrió el regalo, era un chaleco genial, precioso, pero no reconocía de qué firma… un momento, ese tejido,… era el kimono de boda del padre de ella, transformado, reconstruido,… volvió su mirada a hacía ella, se fijó nuevamente en el vestido que llevaba,… era el kimono de boda de la madre, también transformado, reconstruido… aquello sólo tenía una explicación… notó como sus rodillas caían al suelo, notó como se le escapaban unas lágrimas de los ojos y se escuchó a si mismo gritar “te quiero, te quiero!”. Ella seguía riendo y llorando a la vez cuando nos lo explicó en el restaurante. Esa misma noche, Celia decidió que su próxima colección estaría inspirada en ellos.

Miércoles, jueves y viernes, tres últimos días de nuestras   de   En febrero cerraremos por vacaciones.
26/01/2021

Miércoles, jueves y viernes, tres últimos días de nuestras de
En febrero cerraremos por vacaciones.

En nuestras   encontrarás prendas de abrigo para este invierno, el siguiente y muchos más.
14/01/2021

En nuestras encontrarás prendas de abrigo para este invierno, el siguiente y muchos más.

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