06/09/2026
“Voy y miro a un cantero golpeando su roca quizá cien veces sin que aparezca una sola grieta. Sin embargo, al siguiente golpe la piedra se parte en dos. Y sé que no fue ese último golpe el que lo consiguió, sino todos los que habían sucedido antes.”
Esta frase me ha acompañado prácticamente desde el inicio. Y hoy la he compartido en el método de la cápsula con los compañeros de esta edición. Como digo este relato lo hice mìo…
Tanto, que durante mucho tiempo la llevo escrita hasta en la puerta de nuestro coche. Porque necesitaba verla. Sobre todo en esos momentos en los que trabajas, te esfuerzas, sacrificas cosas… y parece que absolutamente nada está cambiando.
Estamos demasiado acostumbrados a necesitar una confirmación constante de que progresamos.
Que baje la báscula.
Que levantemos más peso.
Que nos veamos mejor en el espejo.
Que el negocio crezca.
Que aparezcan resultados.
Pero pensad en el cantero.
Golpea una vez y no pasa nada.
Diez veces y la piedra sigue igual.
Cincuenta golpes. Ni una grieta.
Cien golpes y, desde fuera, parece exactamente la misma piedra.
Hasta que llega el golpe 101 y se parte.
¿Fue el golpe 101?
No.
FUERON TODOS.
Aunque desde fuera no se viera nada, cada golpe estaba haciendo su trabajo.
Y con nosotros pasa exactamente lo mismo.
Cada entrenamiento suma.
Cada comida que hacéis bien suma.
Cada día que cumplís cuando podríais haber buscado una excusa suma.
Cada vez que decidís continuar cuando vuestra cabeza os dice que no merece la pena, suma.
Que todavía no puedas ver el resultado no significa que no esté ocurriendo nada.
Muchas veces el cambio empieza mucho antes de que podamos verlo.
Así que podemos gastar nuestra energía preguntándonos constantemente si está funcionando…
O podemos concentrarnos en lo único que realmente depende de nosotros:
EL SIGUIENTE GOLPE.
Semana 2.
A seguir golpeando la roca.
Ánimo y superfuerza.