20/10/2025
A veces la vida no premia con medallas,
sino con verdad.
Y la verdad es que mi madre, Montse,
no necesitaba ningún galardón para ser reconocida.
Su historia ya estaba escrita
en cada tela que cortó,
en cada persona que atendió con paciencia,
en cada sonrisa que dejó tras un mostrador.
Yo la he visto levantarse cuando aún era de noche,
cuando el silencio era más hondo que el cansancio.
Dejar la casa en orden,
prepararnos a mi hermano y a mí para el colegio,
y salir con la misma serenidad
con la que otros apenas empiezan el día.
La he visto medir cortinas, cargarlas al hombro,
colgarlas con sus propias manos,
cerrar la tienda de noche
y volver a empezar al amanecer.
Durante cuarenta años no hubo puentes,
ni apenas vacaciones, ni descanso.
Pero, aun así, nunca me faltó madre,
porque ella siempre estuvo ahí.
De ella aprendí el respeto, la empatía
y la fuerza silenciosa del trabajo bien hecho.
Aprendí que escuchar a alguien con atención
es una forma de amor.
Que no se necesita un título para ser maestra,
ni un premio para ser ejemplo.
Presenté la memoria a escondidas,
sin que ella lo supiera,
porque sentía que había llegado el momento
de que Palencia le devolviera un poco
de todo lo que ella había dado.
Y aunque ese reconocimiento no llegó
por donde esperábamos,
sí llegó de la forma más hermosa posible:
con el cariño, la emoción y el respeto
de miles de personas que han hecho suyo este homenaje.
Gracias.
Porque con vuestro apoyo,
mi madre ha recibido el premio más importante:
el de una ciudad que la quiere,
que la recuerda,
y que sabe lo que valen cuarenta años
de verdad, de esfuerzo y de humanidad.
Ejemplo de empoderamiento real.
Una mujer que llevó su negocio
de un pequeño local de 18 m²
al mayor comercio textil de Castilla y León.
Ejemplo de superación, sacrificio
y amor por su trabajo.
Ideales que hoy llenan congresos y titulares,
pero que durante cuarenta años
se tejieron en silencio,
día tras día, puntada tras puntada,
en las manos de una sola mujer:
Montserrat Fernández Gutiérrez.
Para todos, simplemente: Montse.
Va por ti, mamá.
Por cada día, por cada puntada,
por cada gesto de amor silencioso.
Porque tú sí hiciste de Palencia
un lugar más humano.
Y quizá algunos no lo entendieron.
Pero la ciudad sí.
Y eso, créanme,
no se puede comprar, ni votar, ni dismular.
RobertoSantosFernandezEscritor