07/09/2017
Xauen Vejer de la Frontera.
A partir del año 2000 dos pueblos, de uno y otro lado del Estrecho de Gibraltar, estrecharon sus lazos firmando un protocolo de hermanamiento rubricando así el reconocimiento de una historia en común de hace más de 500 años. Hermanados por una bella leyenda sucedida a caballo de los acontecimientos convulsos de una época de cambios; conquista de Granada, descubrimiento de América, caída de Constantinopla y advenimiento del Imperio Otomano, nuevas rutas de comercio, guerras y luchas de poder por parcelas de hegemonía. Ahora la distancia en el tiempo se hace encuentro.
De aquellos tiempos la leyenda que ha llegado hasta nuestros días, nos habla de una cristiana de Vejer de la Frontera conocida como Catalina Fernández, de quien se enamoró perdidamente el emir Sidi Alí ben Rachid, siendo correspondido en sus amores por la dama. El emir casó con la vejeriega, y como era preceptivo esta se convirtió al Islam, tomando el nombre de Layla Zuhra o Lellazahara, (Flor de Azahar). Se asentaron en la región de Yeballa, en el Rif. Dicen que por amor, el emir construyo la ciudad de Xauen, (Shuf Ashauen) a imagen y semejanza de Vejer para que la amada no sintiera nostalgia de su pueblo andalusí. Y así aparece hoy, detenida en el tiempo, colgada de los cuernos de las montañas que la circundan cual balcón abierto al valle.
Calles recónditas y estrechas en zigzags imposibles, retorcidas en laberinto, recovecos que se abren a plazuelas y rincones de otros tiempos. Artesanos de zaguán y sonidos vivos de quehaceres domésticos. Tornasolados en tonos de añil y blanco jugando al sol y a la sombra, mientras percuten los ecos del muecín salmodiando su plegaria desde el minarete. Los tiempos del crepúsculo se abren a la noche, dejando que las sombras ganen los rincones y de nuevo los rebotes de la luz mortecina, cambian el laberintico crucigrama de las callejas. Los amaneceres tornan las sombras al ritmo de los gallos anunciando el día con el muecín, una vez más hasta cinco veces en la jornada.
Tras la conquista de Granada por Isabel y Fernando, un notable número de sefardíes y andalusíes llegaron hasta Xauen buscando la protección y nuevo acomodo a cobijo de Alí ben Rachid y Layla Zuhra. Tal vez debido a ello, al resquemor, la ciudad mantuvo cerrado el acceso para aquellos que no fuesen hebreos o musulmanes. Y quién se atrevió a entrar en ella, aún pasado el tiempo, hubo de hacerlo bajo el disfraz y la astucia. Walter Harris, disfrazado de cabileño, William Summers, que fue envenenado, tal vez por su condición de misionero. O Charles Foucault, que visitó la ciudad disfrazado de mercader hebreo y acompañado siempre por un judío marroquí.
Pero, quién era el emir Sidi Muley Alí Ben Rachid? Sobradamente famoso para por los portugueses como Cide Alé Barraxe. Él pertenecía a una antigua casta de nobles meriníes descendientes de los Zenata bereberes, conocidos antiguamente como garamantes, temidos en el antiguo Egipto por su destreza con caballos y carros de guerra, de hecho la palabra “jinete” deriva del berber, “zeneta”. A principios del siglo XIII, provenientes del Este del Magreb, lo que sería la Argelia de hoy, irrumpen en Marruecos conquistando Fez y otras plazas como la propia Marrakech con apoyo de mercenarios cristianos, desplazando a los Almohades.
El Reino Nazarí de Granada se encontraba bajo la influencia del Imperio Wattasida, también Zetana, con quienes alcanzaron importantes acuerdos políticos los meriníes, llegaron estos a controlar el tráfico y comercio del Estrecho de Gibraltar y por ende las plazas de Algeciras y Gibraltar, (Al Yazirat y Yebel Tariq), entre otras. Nuestro Emir, a decir de viejas crónicas, lucho lo mismo contra cristianos, que puntualmente hizo alianza con ellos contra taifas musulmanas. Tiempos convulsos. Derivando de ello y a tenor del deterioro de los nazaríes del Reino de Granada, se replegó al Norte de Marruecos, quizá siguiendo una intuición estratégica, con el fin de mantener el dominio sobre el Estrecho de Gibraltar, sumado a ciertos acontecimientos familiares Haciendo frente a la expansión de Portugal que buscaban afianzarse en la ruta del sur de África por Cabo de Buena Esperanza hacia el comercio del Océano Índico
Las cosas estaban así: Los musulmanes otomanos cerrando el “Saco del Mediterráneo” con Selim, “Guardián del Islam”. Barbaroja, “Jidr ʾibn Yaʿqub” controlando el Mediterráneo Medio y sirviendo de transportista de huestes para afianzar la posición del Estrecho de Gibraltar, frente a la oposición de portugueses que conquistaban Sebta, (Ceuta) y Tánger (Tingis). El Reino de Granada a punto de claudicar ante la fuerza castellano-aragonesa. Tiempos convulsos..
Era Abi Mohamed Hassan Ben Jemaa, familia de Mulay Idris, primer fundador del primer estado islámico de Marruecos. Preocupado por los avances de los portugueses tras hacerse con las plazas de Ceuta y Ksar Shgir, desató una feroz lucha contra ellos. Tal era su ímpetu y afán, que el portugués decidió eliminarlo. Aprovechando la oportunidad cuando éste estaba orando una noche en la mezquita del pueblo Kharouba Beni Arouss, se cerró la puerta de la mezquita y le prendieron fuego. Murió en la mezquita quemado vivo. Así irrumpe Mulay Alí ben Rachid primo y heredero del finado que le sucedió con unánime lealtad por parte de la población, declarado tras su construcción, Príncipe de Shuf Ashauen (Chefchaouen o Xauen). Es, bajo la suposición, que en el tránsito desde el Reino de Granada, en el cual tenía alta consideración, cuando conoce a Catalina Fernández, con la que parte a Marruecos a fin de hacerse cargo de sus responsabilidades familiares y militares. Layla Zuhra, siguiendo a cronistas lusitanos, viajó con Al Rachid acompañada con otros familiares de Vejer entre los que destaca su hermano Martín Fernández, quien toma tras su conversión al Islam el nombre de Alí Fernando Elche (el converso). Que acabaría ejerciendo cargos de responsabilidad tanto en política como militares, al servicio de su cuñado y hermana, siendo destacado en estos menesteres.
“Era este Martinho um elche irmão de Lelazara, molher de Alé Barraxe, e mãe de Mulei Abrahem, e érão naturais de Bejer, lugar grande e abastado do duque de Medina Cidonia, na fronteira de Andaluzia, oito legoas de Cádiz e dez legoas de Tanjere”.
Vejer de la Frontera, también “Bergel de la Miel”, era en la época enclave estratégico, conquistado, perdido y vuelto a reconquistar y repoblado con emigrantes castellanos fundamentalmente. A día de hoy conserva su traza amurallada, castillo e iglesia que fue en su día mezquita y sinagoga. Poblado desde época tartesa se especula fue habitada también por fenicios y romanos, además de la población local.
Sus calles guardan una gran semejanza con la morfología urbana de Xauen. Calles estrechas, encaladas, perdidas en recovecos inusuales que terminan en recoletas plazas. Esquinas con ángulos imposibles que van a dar a sugerentes miradores naturales, unos al Norte, hacia la sierra mirando a Medina Sidonia. Otros al Sur, desde los cuales con viento favorable se percibe África e incluso los reflejos guiñosos de Tánger. Sus calles costaneras de subibajas juegan a un quimérico ajedrez de rincón y callejuela, hora hacia arriba, hora torna hacia abajo para desembocar en un espacio recoleto, abierto al Parque Natural de las Marismas del rio Barbate. Si, es posible que Al Rachid quisiera recrear algo de Vejer en Xauen, bien para paliar la añoranza de su amada o seguir su línea constructiva ya que ambos enclaves son de similar orografía.
Como fuere el hermanamiento de ambas contribuye a aproximar las dos orillas por encima de la distancia, acercando los dos continentes por cultura e historia en común. Hamdulillah.