18/10/2022
💙
Y que se asoman las vacaciones y yo me doy cuenta que se me terminaron de crecer los patojos.
Las conversaciones se volvieron adultas y cada quien se esfuerza solito.
Ayer me llegó un recuerdo del Facebook con una foto de una tarea tirada por el hijo imperfecto en el inodoro para no hacerla... y me cayó el 20 de que ya pasó la etapa en que su mamá era necesaria para gestionar sus tiempos, para organizar sus días, para vencer su pereza y cumplir con sus responsabilidades.
Ayer cada uno tenía su plan de estudio antes de exámenes... horas de estudios, tutorias, ejercicios de mate.
Me tocó invitarlos a comer y aceptar que 3 de 4 me dijeran que no.
Uff... ¡Si! Nosotras dejamos de ser necesarias. ¡Qué fuerte!
Cuando el más chiquito de tus hijos llega a esa etapa en que se esfuerzan por voluntad propia y su cabeza está organizando sus metas y su futuro, sientes que gran parte de tu chance ha terminado.
Obvio que amor y compañía siempre pedirán... pero el trabajo de intentar mover su voluntad para el lado correcto en contra incluso de ellos mismos, ha terminado cuando ellos solitos buscan enderezar su ruta.
Te das cuenta que ahora tu chance es acompañarlos a la distancia, estar siempre disponible y rezar por ellos.
En lo personal me dan ganas de decirle a mi mamá intensa de hace años muchas cosas, hoy le diría:
Gozate todas sus travesuras.
No comprés esa sala blanca que fue motivo de tantos regaños.
Que los regaños no nazcan nunca del enojo.
Besa esos cachetes cada vez que puedas
Haceles piojito en la cabeza mientras se quedan dormidos.
El tiempo pasa rápido y volveras a dormir de corrido, saldrás sola con tu marido, leeras tus libros sin interrupciones, escogeras la película que quieras ver.
Vale la pena ese cansancio que ahora sientes, poner tu vida "en pausa", las noches en vela y las tardes tranquilas viéndolos jugar.
Todo eso vale la pena.
La mamá imperfecta