a certain someone

a certain someone ref./n.d
a trip without pause

ㅤ   ㅤ   ㅤ   박노을's 시점 ―  #솔로 발전 ㅤ   ㅤ   ᝰ // 2025년, 잃어버린 자격.ㅤ   ㅤㅤㅤ   ㅤ   ㅤ   ㅤ   ㅤSe había apartado de su camino. ㅤㅤㅤQui...
06/01/2026


ㅤ ㅤ 박노을's 시점 ― #솔로 발전
ㅤ ㅤ ᝰ // 2025년, 잃어버린 자격.
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ㅤSe había apartado de su camino.
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ㅤQuiso buscar refugio de forma esporádica, con la llovizna creando ruido en el fondo cuando se resguarda temporalmente en el local elegido al azar; algunas gotas salen sobrevolando el ambiente cuando refriega las suelas de las botas sobre el tapete y luego se retira el gorro de lana de la cabeza, inusualmente incómodo por la cantidad de humedad que se acumula entre las fibras.
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ㅤLa pequeña librería estaba sorprendentemente atestada de gente en circunstancias idénticas a la suya. Lo justifica, en silencio, en lo acogedor del aspecto que tienen los grandes anaqueles de madera, de piso a techo, recubierto por libros de todos los tamaños, colores y grosores, distribuidos, aparentemente, según su categoría; algunos rincones tenían pinturas de autores aficionados por lo deliberado y abstracto de esa postura, piezas en arcilla que representan todo y nada, e incluso algunos altavoces anclados a las paredes de donde se reproduce una melodía aterciopelada y fina, motivando el ensimismamiento de la búsqueda o la consumación de una buena lectura. Corrió con suerte, supuso, al haberse encontrado con un lugar de ese calibre a la espera de que la lluvia cesara.
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ㅤHabía que caer, pues, en la intencionalidad colectiva: hallar un buen libro y condicionar el tiempo a su disfrute. Noeul no lo pensó ni lo meditó con tanta severidad, atraído por la falsa inmensidad de los pasillos estratégicamente alumbrados por luces cálidas. Cada título en la portada resulta llamativo de una forma, cuando menos, fugaz, consiguen dilatar sus pupilas con un entusiasmo irreverentemente breve que motiva la facilidad con la que br**ca tan fácil al siguiente. Todavía no mide la inmensidad del espacio que habita cuando con libro en mano siente una mirada persistente que se clavan como agujas en su nuca; Noeul es inusualmente sensible cuando se trata de los estímulos externos, por lo tanto no implica una mayor complejidad el percatarse de que hay una incidencia revoloteando como mariposas a su alrededor; para ello, solo requiere de un diminuto instante —fugaz y sigiloso— que le guíe hacia el encuentro de eso tan desconocido que produce un cosquilleo irreverente en la boca de su estómago.
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ㅤMás temprano que tarde, contempla con un detenimiento crítico lo que consiste en un par de ópalos circundantes que recorren su cuerpo desde la punta de los pies hasta los cabellos azabaches, brillando en contraluz. Hay cierto reconocimiento silencioso al que sucumbe por voluntad propia cuando del movimiento ralentizado pasa a darse de frente con ese muro metafórico que implica hallarse cara a cara con algo totalmente inesperado. Necesita poco más de un par de segundos para finalmente girar sobre sus talones y anteponerse a las circunstancias con una sonrisa tensa pero expandida de un vértice a otro, como quien debe enfrentarse a un obstáculo fortuito con la gentileza con la que el viento exterior sopla y bate las copas de los árboles.
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ㅤRecuerda haber visto su rostro en situaciones muy específicas, en escenarios que no ameritan la mayor de las contemplaciones pero que igualmente posee la cantidad de contundencia suficiente para guardar un recuerdo directo en su frágil memoria. Asimismo sería absolutamente improbable deshacerse de la visión predeterminada que adquiere de su rostro, con ojos parduzcos de naturaleza inquieta y unas facciones tan finas que en su plena ejecución postradas sobre el amplio lienzo de su rostro se sienten montadas en una superficialidad indigna como la de alguien que vive únicamente para equipararse de una belleza que no puede reflejar del todo en ese oscuro y amargo interior. Noeul de todos modos sigue las directrices que se le han inculcado socialmente desde que tiene uso de razón, las mismas que motivan la amabilidad como una careta para esconder detrás todo aquello que permanece sucumbido en la profundidad tormentosa de su mente, la cual no guarda silencio sin importar cuánto lo ameriten las circunstancias.
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ㅤ—Eres Park Noeul, ¿cierto?
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ㅤUn asentimiento cuidadoso sirvió como respuesta para esa cuestión que llega de repente. Fue ingenuo de su parte esperar que el mutuo reconocimiento no iba a derivar de un intercambio de palabras, después de todo, la ausencia de contacto previo colisiona en esa puesta en escena donde se arma una conversación como único punto de escape; no existe otra alternativa, y antes de lo pensado está encarcelado contra una interacción para la que quizás no se sabía preparado. Igualmente nada es lo suficientemente inoportuno para su persona en ese momento; parecía haberse preparado durante toda su vida para lidiar con situaciones de ese estilo, como si el universo estuviera conspirando en son de buscar los medios adecuados para demostrar cuánto había aprendido en el proceso de encontrarse a sí mismo. Esa parecía una de esas visiones lejanas, ligeramente borrosas, donde su pasado le pisa los talones con la intención de hacerle tropezar, arrepentirse y lamentarse por todo aquello que había cometido tratando de dar con la función que estaba dispuesto a cumplir en este mundo.
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ㅤ—Conozco a tu padre —le dijo.
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ㅤ«Sí, eso supuse», pensó, aunque no tuvo la valentía para ponerlo en palabras incluso si presiente que la expresión que nace en su rostro a partir de ese instante es capaz de demostrar todo lo que con su boca no puede pronunciar. Está acostumbrado, consciente o inconscientemente, no espera menos de un hombre de su calibre, de esos que recubren sus cuerpos con una tapicería cara de seda o cachemira, corbatas prensadas contra la garganta, y zapatos perfectamente ilustrados, sin una sola pizca de suciedad tan fácil de pillar en esta temporada del año donde de cada pequeño nubarrón nace un charco. Era evidente que se trataba del tipo de persona con la que su padre se codeaba, ostentosos y arbitrariamente pretenciosos, llenos de la prepotencia que hace a las masas tornarse nerviosas por la figura central de este hombre empoderado que utilizará todos sus recursos para salirse con la suya. Sin embargo, desde su desconocimiento aboga por la apertura inicial, aquella que lleva a ese mismo hombre a hablarle con gentileza, tal vez simulada, tal vez fingida, pero una gentileza al fin, un falso atisbo de confianza que se despliega como el agua a través de los canales de un río y, aunque no es suficiente para instalar en su cuerpo la tranquilidad, no amerita su huida heroica de la escena; ya que estaba ahí sería lo suficientemente cortés como para darle un cierre a esa conversación, luego saldría victorioso para dejar este momento extraviado en su memoria, en un olvido tan profundo que ni siquiera tenga la posibilidad de compartirlo.
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ㅤ—¡Oh, entiendo…! ¿Le gustaría que le mande un saludo de su parte? —cuestionó sintiéndose falsamente conmovido por haber sido reconocido.
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ㅤNo obstante, contrario a lo esperado, el sujeto parece contener una risa entre sus dientes pulidos y abrillantados como una hilera de perlas, sus colmillos se ven inusualmente filosos, en especial cuando repasa el ápice de la lengua a través del borde, risueño, socarrón, casi juguetón de una forma sospechosa, dando una negación con su cabeza que, sin importar la velocidad o la potencia, no consigue remover ni un solo mechón perfectamente peinado. Luego lo ve pavoneándose, apoyado cada vez más cerca de su cuerpo, sin llegar a romper el límite de esa misma cortesía que previamente mostró; parecía un hombre osado, pero no lo suficientemente irreverente como para traer abajo el muro protector que el muchacho tiene alrededor de sí.
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ㅤ—No, no es necesario. Lo veo con frecuencia —Luego hace una pausa de tormento en lo parsimoniosa que se torna, como si el mundo se estuviera deteniendo con su habla—. Él suele hablar mucho sobre ti.
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ㅤLa aclaración no le produce dicha, al contrario cava profundamente en la angustia que lleva almacenada durante una cantidad de tiempo indeterminada. Se permite reír con tosquedad, sobrecargado de la ironía que implica su vida cuando de esos aspectos de su cotidianidad se trata, sí, porque era totalmente consciente de cómo su destino había cambiado de una forma totalmente contraria a lo que se quiso de él desde un inicio. Había dejado de circular como ese prodigio del atletismo, ya no corría maratones ni ganaba medallas, simplemente pasaba a estar rodeado de las risas y los llantos imparables, de berrinches, de pintura y dibujos que se adhieren a las paredes coloridas del preescolar; era, cuando menos, una odisea de la que estaba agradecido de poder formar parte, porque era la decisión que había tomado por cuenta propia, a voluntad y sin ningún tipo de remordimiento, sin importar quién o qué hubiera estado en contra, desde que era lo que le producía una felicidad tan benevolente en su persona que, sin lugar a dudas, teniendo la oportunidad, lo volvería a hacer exactamente de la misma manera. Así que, en ese momento, envalentonado, no puede sino poner su frente apuntando a lo alto, probablemente con el semblante cristalino y la mirada hermética, viendo directo hacia el ocaso de su emocionalidad, aquella donde radica cada lágrima, cada gota de sangre y cada pequeña pizca de esfuerzo que tuvo que sudar para ganarse un lugar.
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ㅤ—Apuesto a que lo hace, señor.
ㅤ—Una lástima que hayas decidido dejar de ser atleta.
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ㅤVaya, eso es algo extraño para decir.
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ㅤEl suelo bajo sus pies pareció temblar como si una onda se paseara por debajo de ellos con la intención de sacudir todo lo que se hallaba en su sitio, pero Noeul no titubea, no se siente intimidado por los vestigios de su pasado, ni se deja sonsacar por la posibilidad de lo que nunca ocurrió. El mensaje estaba claro: era una clara provocación hecha para martillar clavo tras clavo directo en su corazón, una lástima para el susodicho pues había pasado los últimos años procurando que cada nueva dolencia se convirtiera en una bienaventuranza de la cual regodearse cuando los cretinos como él tratasen de sacar provecho con su sufrimiento, como si se tratara de un teatro por el que pagar el mejor asiento, buscando saciar sus p***s y llenar el vacío de sus mentes con un poco de entretenimiento temporal.
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ㅤ—Mi padre podrá ser un político excelente, y siempre me alegrará enormemente ver cuán lejos ha llegado con su carrera —mencionó, casi burlesco—. Pero una cosa es evidente, y es que no es el mejor contando historias… Pues en ningún momento le retrató la realidad tal cual como era.
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ㅤEl desconcierto a partir de sus palabras no deja indiferente a nadie y puede ver esas cejas arqueándose sobre la frente que adopta una secuencia de líneas de expresión que delatan los años debajo de todos esos procedimientos que mantienen la piel brillosa y tersa. No pretende ser desafiante pero parece Claro que un ataque solamente puedes ser respondido con otro igual o peor de tajante, y para cuando se da cuenta, la incomodidad que se ve reflejada no solo en ese rostro sino en toda la corporeidad que le corresponde a la figura frente así es tan palpable que podría cortarla con el borde de su mano de un solo manotazo, firme y decisivo.
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ㅤ—Vamos, muchacho, ¿el jardín de infantes…? Debe ser una broma.
ㅤ—Solo sería una broma para alguien que ve la educación como una cosa insignificante. Ustedes trabajan toda su vida por unos hijos que pretenden mandar a la universidad en algún momento, sin embargo, son ustedes los mismos que desprecian la labor de aquellos que otorgan un espacio para que sus hijos aspiren a llegar tan lejos que ni el dinero que tienen a su alcance podría conseguirlo.
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ㅤEl silencio posterior dejó un ligero vacío el cual tiene la intención de verse llenado con nada más que con la realización de una palabrería bien ejecutada como si el hombre necesitara una pequeña sacudida para darse un golpe directo con la realidad. Noeul no lo contempla con mayor severidad, no quiere invertir su tiempo y sus ganas en demostrar aquello que no le corresponde postrarse como un premio, sino como un regalo de la existencia en sí misma, después de todo, era absolutamente feliz con ese destino que eligió para su propia persona y no lo cambiaría por nada del mundo.
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ㅤ—Si me permite… Tengo mejores cosas que hacer. Envíele saludos a mi padre, por favor, seguro le hará mucha ilusión saber de esta plática.
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ㅤSin pensar en las potenciales consecuencias simplemente sigue su camino, el corazón latiendo de forma errática, con zancadas firmes, largas y seguras, de esas que se dan únicamente cuando se tiene plena confianza en el rumbo que se toma. Su futuro alguna vez se visualizó como un negocio, un tipo de trueque, algo que podía presumirse, pero ahora lo único de lo que quiere g***r es de la dicha de verse hacer todo sin obstáculos que le impidan saberse capaz de conseguir cada deseo que se propone. No estaba ahí para demostrarle nada a nadie, ni siquiera a sí mismo que mantiene la esperanza burbujeante por el día que se le reconozca por lo que es, más allá de la procedencia de lo que alguna vez fue su lugar seguro y de lo que ahora, solo las cenizas del desprecio quedan.

ㅤ   ㅤ   ㅤ   박노을's 시점 ―  #솔로 발전 ㅤ   ㅤ   ᝰ // 2021년, 이루지 못한 꿈들.ㅤ   ㅤㅤㅤ   ㅤ   ㅤ   ㅤ   ㅤ Un sorbido acuoso por la nariz romp...
16/12/2025


ㅤ ㅤ 박노을's 시점 ― #솔로 발전
ㅤ ㅤ ᝰ // 2021년, 이루지 못한 꿈들.
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ㅤ Un sorbido acuoso por la nariz rompió con el silencio indeterminado. Resultó doloroso.
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ㅤMechoncitos azabaches escuecen con quejumbrosa vehemencia sobre los párpados, están lo suficientemente largos como para que se rocen con las pestañas, engalanadas con lágrimas que lucen como perlas sostenidas sobre las larguiruchas sombrillas que pretenden proteger sus ojos de la tempestad. Noeul no reconoce —del todo— los motivos de su compungido llanto mientras tiene la cabeza bloqueada de recuerdos fugaces que, como ráfagas, ocasionalmente le azotan.
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ㅤHa pasado, tal vez, la última media hora con su pierna inmovilizada, el mismo ángulo incómodo donde cuelga parcialmente de la camilla, habiendo ingerido analgésicos para suprimir el dolor, su angustia no nace precisamente del malestar físico, incluso si todavía posee una viveza nauseabunda sobre el sufrimiento que le produjo el accidente en primer lugar, batiéndose sutilmente contra el suelo por la contracción inmediata, punzante, casi carnívora, sobre la que se ciñeron sus sentidos. No pasó el mejor rato de todos, pero lo que vino después definitivamente fue un balde de agua fría metafórico, que le obligó, en su inconsciencia, a comenzar a tiritar.
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ㅤ«¿Hay algún familiar al que podamos contactar…?» Las enfermeras en guardia le miraron con ojitos consternados, a veces Noeul olvidaba que era lo suficientemente joven como para requerir la presencia de un adulto, pero no tanto como para evitarle enviarlo a largas conferencias deportivas donde los reporteros se amontonaban con preguntas para las que solo balbuceaba con un interés simulado por la ejecución; como quisiera, volvería a la gran mansión de sus padres con su mochila deportiva y una medalla sobre el cuello para que su padre pudiera fotografiarla con desdeñosos dejes de orgullo que solo derivan de sus intentos por representar una familia carente de desperfectos. Era casi teatral. Por lo tanto, la primera imagen que vino a su cabeza permanecía ausente de la fraternidad inherente de sus padres, superficiales y desinteresados a su manera, o quizás sólo lo suficientemente ocupados en sus propias prioridades como para hacer hincapié en el aparente éxito de su hijo menor; su hermano era su única y preferida opción para esas instancias, aunque el remordimiento posterior le fuera a carcomer la consciencia.
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ㅤAguardó pues, silenciosamente consternado, su vientre contraído por los nervios y los deseos resquebrajados en trocitos microscópicos, irreparables. Tenía su chaqueta de deporte apresada al cuerpo, el material no le protege del aire acondicionado de la habitación pese a estar diseñada para soportar diluvios, las pantorrillas expuestas tiemblan con la misma intensidad aparatosa de su desdén y, aunque contenidas las ansias, sus manos igualmente se arremolinan, inquietas, sobre su regazo.
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ㅤLo primero que hizo cuando el rostro de Gaeul apareció a través del umbral de la puerta fue depurar su rostro esporádicamente con los dedos de cualquier rastro de salinas lágrimas; óptimo o no, Noeul siempre fue un llorica abochornado, y los indicios de sus lágrimas se evidenciaban con facilidad en la coloración casi inevitable de su rostro, misma razón por la que sabe, de antemano, que esconderle a su hermano la realidad era una absurdez de las grandes. Más allá del hecho, contener la vergüenza que la circunstancia le produce posee una improbabilidad injusta con su joven corazón, febril y vulnerable cuando el mayor de los Park finalmente se sienta sobre su costado; Noeul no quiere descubrir si está mirándolo, incluso si puede prevenirlo por la persistencia de ese estremecimiento que cunde sus vértebras al punto de tornarse casi insostenible. Luego de otro suspiro, él mismo se atreve a dirigir su mirada hacia un lado, fijo en el rostro adorado de su hermano mayor, quien luce conmovido por su debilidad, pero igual de consternado por su sufrimiento.
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ㅤ—Hyung… —susurró, ligeramente tembloroso.
ㅤ—Ya, ya, está bien.
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ㅤEl consuelo fue definitivo, terso como una caricia que se deposita sobre su espalda y cálido como el arrullo reconfortante que recibe sin mediaciones verbales de su parte. Un hipido más tarde, aunque avergonzado, Noeul se permite resguardar el llanto con el dorso de cada mano. No se trataba exclusivamente de una vergüenza pública donde se visualiza a sí mismo como una víctima de una errata, volcando sobre el suelo de concreto y aterrizando —convenientemente— sobre una porción de su cuerpo ligada con creces a su labor profesional, y si bien oía de todas las fuentes que era lo suficientemente joven y sano como para salvaguardar su carrera en ascenso, lo que estaba dictaminado por el diagnóstico no interpelaba precisamente por la existencia de Park Noeul como una estrella del atletismo, sino como un joven al que se le acababa de arrancar un don como se arranca una venda adhesiva de la piel: rápida y furiosamente.
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ㅤA su lado hay un hombre empleando sacrificios kilométricos, habiendo sudado hasta la última gota, sangrado hasta el cansancio, recuerda, fielmente, que la única promesa que alguna vez hizo en su vida se la hizo, justamente, a su adorado hermano Gaeul, cuando declaró con mucha confianza que se permitiría a sí mismo hacer todo lo que quisiera con su vida, como una recompensa para él por no haber podido disfrutar de la suya. Ver a su hermano, emperifollado en un traje, zapatos lustrados, corbata alineada con su cuello, sosteniéndolo en el momento más crucial de su existencia le sobrecoge el alma con una aspereza voraz e inclemente. Gaeul no solo estaba sujetando su cuerpo dolorido por las lesiones, sino que estaba sujetando los sueños compartidos que alguna vez fueron viables para ambos.
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ㅤPero ¿lo peor? Gaeul ni siquiera se mira afectado por el hecho, no le molesta que Noeul pierda la oportunidad de su vida, no le molesta que un fallo dictamine una fracción invisible de su futuro. A él, en realidad, sólo parece importarle que su joven hermano se encuentre bien.
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ㅤ—Lo siento, lo siento mucho, hyung…
ㅤ—Tranquilo, todo estará bien. Esto jamás te definirá, Noeul-ah.
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ㅤA ciegas, realmente le creyó. Caminando a tientas por un camino a oscuras, pisadas dubitativas en un terreno tembloroso, el tamborileo irrefrenable de su corazón y una luz que se mantiene estática al final; solo un empujón cordial le orilla hasta la realidad, y por un instante la saborea: posee ese sabor característico del esfuerzo —sudor y lágrimas— con una dulzura parsimoniosa que se deshace sobre la lengua cuando más cercano se está a la asimilación.
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ㅤNo era el fin del mundo, se hacía creer. Y el mundo, realmente, nunca llegó a su fin.

ㅤ   ㅤ   ㅤ   박노을's 시점 ―  #솔로 발전 ㅤ   ㅤ   ᝰ // 2021년, 영원한 추억.....ㅤ   ㅤㅤㅤ   ㅤ   ㅤ   ㅤ   ㅤ La certeza rememoró, oh, tan genti...
05/12/2025


ㅤ ㅤ 박노을's 시점 ― #솔로 발전
ㅤ ㅤ ᝰ // 2021년, 영원한 추억.....
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ㅤ La certeza rememoró, oh, tan gentil.
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ㅤ Noeul todavía tiene un recuerdo vago en su memoria que lo catapulta con facilidad a esos espacios —mayormente— silenciosos de su cotidianidad, aquellos que se alejan del caos, del bullicioso constante, del movimiento incesante y lo brumoso de la incertidumbre. Quizás, porque todavía se halla en la capacidad de recordar todo como la primera vez.
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ㅤ Le quiso en verano, se enamoró en primavera, y para cuando las hojas tostaditas de los árboles empezaron a caer, apacibles, sobre el asfalto, supo con una veracidad inclemente que probablemente su corazón le pertenecería de por vida. ¿No era esa una bella realidad? Lo piensa con severidad, el n**o del pequeño lazo que lleva atado en el cuello hace de las suyas al momento de impulsar cada pulsación a través de sus terminaciones, le aprieta en los lugares adecuados y en los que no lo son también; tiene el cabello lacio sobre la frente brillando a contraluz cuando el sol, a sus espaldas, no pierde el tiempo en superficialidades; sus dedos trémulos e inquietos sujetos al celofán del ramo de flores dejan en evidencia un compromiso inadvertido, una promesa a la que se le rinde culto y un cumplimiento voraz como los latidos que arremeten firmes contra su pecho. Es una de esas ocasiones en las que su dicha supera su temor, pero se siente extrañamente correcto hacerle frente como si en vez de rosas y lazos llevara una espada y un escudo, listo para dar batalla.
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ㅤ Para el hombre promedio, aquellas circunstancias serían decisivas para marcar un antes y un después en cualquier aspecto explorable de su realidad. ¿La osadía? Noeul ni siquiera se consideraba a sí mismo un hombre con todas las letras que conforman la palabra, ap***s era un crío, pasando a su último año de educación media, dedicado a su atletismo, disfrutando de una juventud quejumbrosa y sana mientras las adversidades eran cruzadas con una facilidad intocable y un éxito desmedido; no existían las pérdidas. Pero, era allí donde las emociones colisionaban, no solo para obligarle a asimilar escenarios en los que, por defecto, nunca antes estuvo presente, sino que también involucran una cantidad numerosa de prioridades para él que iban más allá de sus características adolescentes o no: un corazón, un alma, un deseo compartido. Vaya, Noeul era solo un joven enamorado durante la primera vez que puso un pie tembloroso al ras del último peldaño del edificio de ceremonias, a su alrededor multitudes de familias contentas se hacían de cámaras digitales y recuerdos que suponen perdurar a través de la posteridad; a algunos los conoce por haber intercambiado palabras a través de los pasillos, a otros solo sus rostros le son familiares, incluso hay algunos que cree nunca antes haber visto, después de todo, no presuponen un grado de importancia significativo para su persona. Lo que sí, tal vez, es que en ese instante significativo obstaculizan su visión como una masa de humo negruzca que no le permite ver hacia el otro lado.
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ㅤ Rendido, solo deambula, curioso, en medio de palabrerías inconexas que a sus oídos son casi un balbuceo y alegrías despampanantes que se tienden sobre la coraza de muchas amarguras y sacrificios adolescentes que estaban, finalmente, teniendo su culminación; la bella e inocente etapa escolar que se iba dando brincos hasta perderse en el ocaso. Lástima, esa tampoco era una de sus desdichas actuales, todavía le quedaba todo un año para preocuparse por eso.
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ㅤ De su adolescencia podía contar cosas bárbaras, hermosas como muchas, aunque complejas en muchos matices inexplorados que no solía tocar con frecuencia a causa del resquemor. Sin embargo, aquél muchacho no era una de esas, no, para nada, Sungbin debía ser, probablemente, lo más hermoso que ha acontecido en su adolescencia desde que tiene la capacidad consciente de meditarlo. Su cabello castaño sobre los ojos, su esbelta y alta figura, sus dedos cálidos, sus labios como llovizna veraniega; era una maravilla. Y cuando le encuentra, lo hace con una pequeña sonrisa que se destaca por su dulzura amena que contrasta totalmente con la llamarada que se encuentra concentrada en su pecho entre latido y latido.
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ㅤ No había aparecido antes por motivos meramente circunstanciales, después de todo, la ceremonia parecía reservada únicamente para familiares de los graduados; mamá, papá y hermanos que aplaudían desde las gradas del público para esos futuros profesionales del país. Noeul, por su parte, apareció media hora después de haber empezado el evento, danzando entre los peldaños de las escaleras y canturreando una canción que tan solo había conocido la noche anterior. Luego, cuando supo que la ceremonia había tenido su final correspondiente, decidió encaminarse hasta ese destino, bello destino de ojitos resplandecientes, su dentadura perfecta enmarcada por labios sonrosados, casi en la misma tonalidad rosácea de sus mejillas; lleva una toga y un birrete que le aplasta los cabellos sobre la frente con un encanto ingenuo, completamente inconsciente, su nariz de botón también se halla enrojecida, a lo que Park asume que su novio debe haber expulsado un par de lágrimas o tres; «adorable», pensaba mientras se acercaba, sigiloso pero benevolente, entre pisadas largas, el ramo vibra bajo su agarre, luego se acercan, la diferencia entre sus estaturas nunca ha sido extravagante, pero definitivamente Bin lleva zapatos altos bajo esa toga ancha, lo que le hace sobrepasarle por más centímetros de los habituales, con su semblante hacia arriba y Noeul viéndose reflejado en él, cristalino. Lo primero que comparten es un abrazo prensado al que le sigue un gimoteo de apertura, un chillido de emoción y finalmente una risita de complicidad. Definitivamente, una ejecución perfecta.
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ㅤ —Pensé que no te vería hoy, Park —Le oyó decir. Noeul, por defecto, alza sus gruesas cejas detrás de la cortina azabache de sus hebras. No se siente ofendido, pero finge estarlo por el bien de la situación, cómico, burlesco, casi aniñado.
ㅤ —Hyung, tienes una pésima percepción de mí. —añadió, murmurando, dándole un golpecito en el hombro con el suyo.
ㅤ —¿Hyung? ¿Desde cuándo soy un hyung para ti?
ㅤ —Desde que decidiste graduarte de la escuela antes que yo... No lo entiendes, debías reprobar, repetir y graduarte conmigo el año que viene; acabas de quitarle toda la gracia, estudiante estrella.
ㅤ —Boo, no sabía que eras tan malintencionado. No tengo la culpa de haber nacido primero.
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ㅤ Noeul se echó a reír por la mención, tal vez porque Sungbin no era consciente del orgullo que experimenta de verle allí, en el foco de su esfuerzo, los árboles dando frutos prósperos que alimentan familias enteras. Era hermoso en muchos aspectos de la vida, pero especialmente en ese, donde resaltaba en medio de la multitud, con sus ojos de cervatillo y su sonrisa como un astro tendido en el cielo. Es demasiado joven para asimilarlo, pero lo suficientemente humano como para saberlo: lo amaba, desde la profundidad de su joven y febril corazón.
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ㅤ Algo parece capturar la atención de Sungbin, lo ve agitar las manos con cierta torpeza desorganizada, Park desliza la mirada hacia abajo y se encuentra con el ramo de rosas empuñado entre sus dedos; las mejillas rápidamente se le tornan de un color similar a los pétalos, sucumbiendo ante su especialidad más grande: la evasión. Puff, ¡qué malo era! Lo confirma cuando extiende el ramo en dirección al mayor, sin verle, solo obsequiándolo sin intercambiar palabras.
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ㅤ —Para ti.
ㅤ —¿De veras?
ㅤ —Un hombre debe recibir flores al menos una vez en la vida, en especial de la persona que le ama.
ㅤ —Gracias, Eul-ah... Espera, ¿de quién?
ㅤ —¡Muchachos, miren hacia acá, les tomaré una foto! —Escuchó a sus espaldas.
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ㅤ Salvado por la campana. Errático, efusivo, Noeul se gira en dirección a la lente, la madre de Bin apunta, entusiasta, la cámara en dirección a ambos. Park viene de una familia que adora emperifollarlo todo de extremo a extremo, está acostumbrado a la cámara, por lo que es sencillo para él meterse en su papel, pasando los brazos alrededor del delgado cuerpo de su novio y sonreír, la luz del sol dándole de frente pese a lo embutido que se encuentra en tantas capas de ropa producto del frío otoñal. Siente la mirada de Sungbin en su costado, insistente, por lo que tiene que darle un pequeño golpecito sobre las costillas para que este reaccione, riéndose silencioso, nasal, pero llamativo, antes de afirmarle con la mano que no sujeta el ramo y voltear, finalmente, en vista hacia la cámara que captura ese instante hasta hacerlo inolvidable.
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ㅤ Noeul se encarga de pulir con suavidad el marco de la fotografía con una pequeña toalla; no tiene polvo, ni desgastes pese a la frecuencia con la que suele limpiarla, al tenerla constantemente postrada contra su escritorio de trabajo, tiene una visión clara de la misma durante la mayor parte del tiempo. Es preciosa, enternecedora, dos jóvenes en su máximo momento de vulnerabilidad y entusiasmo, gozando de la dicha de compartir su inocencia a manos del otro sin miramientos ni obstrucciones; solo amor a su única y peculiar manera. Un llamado a su espalda le alerta la presencia de su pareja en casa, Park se ríe, cómplice de su propia ideación, acariciando el rostro de Bin en la fotografía, por encima del cristal protector, le lanza un beso y luego levanta el trasero del asiento, listo para irse.
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ㅤ —¡Ya voy, amor!
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ㅤ En su abrigo afelpado, en plena caída del otoño. Lindo, cálido, especial. Así era su vida desde que recuerda tener a Bin en ella; nada cambia, solo mejora, y él, en el entretanto, también lo disfruta.

ㅤ   ㅤ   ㅤ   박노을's 시점 ―  #솔로 발전 ㅤ   ㅤ   ᝰ // 2023년, 가장 가혹한 현실!ㅤ   ㅤㅤㅤ   ㅤ   ㅤ   ㅤ   ㅤ Atendió al nombre de forma involunt...
05/12/2025


ㅤ ㅤ 박노을's 시점 ― #솔로 발전
ㅤ ㅤ ᝰ // 2023년, 가장 가혹한 현실!
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ㅤ Atendió al nombre de forma involuntaria, con ojos relucientes, una mirada abrillantada que sobrepone su esperanza por encima de cualquier malestar. Noeul echó una risita entre los dientes, grácil, pero silenciosa.
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ㅤEl rostro de su madre desprende una dulzura que equipara con la grandeza de ese entusiasmo, después de todo, dados los horarios de la mujer, las posibilidades de coincidir se reducían notablemente a mensajes espontáneos y corazones aglomerados con efusividad en la caja de comentarios de sus publicaciones de instagram. Tenerle ahí, en conjunto, era un hecho inusual que mantenía, con creces, la alegría que repentinamente despierta, como un deseo de permanencia que prevalece cuando toma lugar a su lado, los cabellos tinturados de cobrizo frotando la curva de su hombro.
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ㅤ―Estás en casa.
ㅤ―Tú también. ―expresó, simplista.
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ㅤLa expresión con la que su madre reacciona denota un cierto matiz de indignación que le obliga a mantener los labios presionados entre sí, en la contención de una carcajada producto de la broma que saca a relucir. La observa entrecerrar los ojos, las espesas pestañas superiores rozando las inferiores antes de simplemente negar, un chasquido empleado con la lengua siguiéndole casi como una banda sonora que finaliza con la complicidad risueña de ambos cuando el aparente resquemor se evapora como el humo de una vela atenuada.
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ㅤ―Yo vivo aquí, mocoso, tú eres el que debería dejar de invadir el espacio vital de ese bonito novio tuyo y pasar más tiempo aquí con nosotros. ―La mención, aunque significativa, merodeaba imposibles instancias para Noeul, quien niega con un quejumbroso sigilo ante la posibilidad de volver a permanecer en casa.
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ㅤAnte la negativa, su madre se detiene, su rostro está incómodamente girado en su dirección, con el torso apuntando hacia el costado, las piernas viendo hacia el frente, el brazo apoyado sobre el respaldo de la suya, sus largas uñas dejando levísimas marcas sobre el afelpado que recubre el espaldar.
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ㅤ―No puedes simplemente huir de los problemas para siempre, Noeul-ah. ―El tacto cálido de la mano femenina sobre una de las suyas es suficiente para hacerle emitir un pequeño suspiro―. Ahora más que nunca.
ㅤ―Lo sé, por eso estoy aquí.
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ㅤEl caos, sin embargo, llegó más temprano que tarde. El momento íntimo entre madre e hijo vive con alteraciones, una tumultuosa perturbación, errática y sonora, hacen eco en el ambiente. Sabe que se avecina una avalancha, sabe que el caos se aproxima, sabe que su destino estaba condenado a partir de ese momento, cuando su padre, hecho una furia, cruza el umbral de la puerta que separa el salón del comedor; de ser anatómicamente posible, de sus ojos serían capaces de brotar llamaradas de fuego ardiente, vivo, amenazador. A él no le importa, incluso si succiona el interior de su mejilla con irreverente agonía mientras apoya su mano sobre uno de los delgados hombros de su madre y otorga un apretón facilitador para sus ansias de verse disminuidas; luego, alzado sobre sus propios pies, pasa por un costado y se aproxima directo a enfrentar al hombre en cuestión.
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ㅤ―Papá, quería decirte que-
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ㅤEl silencio es una franqueza, pero lo que lo interrumpe es una abominación, aletargada, soñolienta, casi ralentizada cuando se vive en el escozor inclemente de su dolorida alma, aquella que desde el punto más álgido observa el vacío de su ser expandirse como un monstruo que se alimenta de las p***s y las heridas, de la sangre que brota de heridas que nunca han tenido la oportunidad de sanar. Ese azote es representativo de una dinámica que siempre había permanecido como una mina sobre el suelo, calma y hermética mientras se observa en la lejanía, pero letal cuando se vive un acercamiento fugaz como aquél que envía su cuerpo hacia el suelo, la esquinita del labio tornándose bermellón mientras lo sostiene entre los dedos, canalizando la expulsión ferrosa fuera de su cuerpo, como si ese hecho, por sutil, pudiera evitar la prolongación de ese sufrimiento.
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ㅤ―¿La maldita escuela de educación? ¿Park Noeul, es jodidamente en serio? ―La efusividad es evidente, pero el desdén es todavía mayor mientras lo filtra a través de su voz―. Cada año de mi vida que he trabajado por verte consumar el éxito, ¿y tú eliges ser un estúpido profesor de preescolar…?
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ㅤCada nueva palabra, entre los dientes, suena tan dolorosa como de dolorosos son los azotes que recibe, costado y espalda, cabeza, incluso algunos sobre la mejilla ya magullada por el primer impacto que fue otorgado sin contemplación. Contemplativo, Noeul suspira, prediciendo el siguiente golpe que sostiene entre los dedos temblorosos que se limitan a sujetar la delgadez de la muñeca masculina; ambos vibran en el intento de retención, pero solo uno cede cuando el más joven de los Park empuja el brazo de su padre lejos de su cuerpo, en una señal silenciosa de no permitir su tacto de vuelta.
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ㅤPuede que llegado a ese instante las palabras estén de más, lo sabe, la inundación en sus ojos intranquilos, el maltrato incesante a su labio inferior mientras lo apresa para contener su llanto, la forma apresurada en que cada suspiro infla su pecho; era un desastre, pero lo sería todavía más si seguía permitiendo que su padre moldeara su vida como una montaña de arcilla, dispuesto a mandarle al horno y luego verlo retornar como una pieza sacada de molde, perfecto para ser presumido entre sus amistades, entre grandes ejecutivos, entre los periodistas y los tabloides.
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ㅤNo se visualizaba a sí mismo sobrellevando un negocio, teniendo un puesto en una empresa, peleando con magnates por una cantidad de dinero absurda que le haga sentir, temporalmente, con la suficiente porción de poder como para dominar un mundo que se resume a la nada misma. Él supo, desde siempre, que su futuro no sería tan ostentoso como su padre imaginaba, ya había faltado al sueño del mismo por convertirlo en un gran atleta, derivando en lesiones y grandes lapsos de terapia que anularon por completo la posibilidad de verle convertirse en un medallista olímpico; luego, la insistencia para consumar un puesto en una empresa de renombre era, evidentemente, la más irracional de todas las opciones.
ㅤㅤ
ㅤSabía que le decepcionó, sabía que le enojó su toma de decisiones. Sin embargo, en ese momento, en ese instante significativo, Noeul no busca complacer a su padre, ni a nadie, sino a sí mismo.
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ㅤ―No voy a ser lo que tú quieres que sea solamente porque te sientes infeliz contigo mismo. ―mencionó, envalentonado, observándolo con tanta fijeza que puede percibir, incluso, la dilatación en las negruzcas pupilas, todo en cámara lenta.
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ㅤY sí, lo reconocía: nada volvería a ser igual. Pero no necesitaba que fuera igual, no necesitaba la aprobación de nadie, no necesitaba un público mediático aclamando por un poco de simulada grandeza.
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ㅤSolo quería ser él. Solo quería ser.
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ㅤSin deber, sin prometer.

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