04/08/2025
Sabías qué?
A mediados del siglo XIX la rebocería figuraba entre los primeros oficios de los tapatios, juntamente con el curtido de pieles, la sombrerería y el tejido de lana y algodón.
Los talleres de rebocería estaban ubicados en su mayoría en el barrio del Santuario, al norte de la ciudad, eran negocios de pequeños artesanos originarios de Guadalajara.
La elaboración de rebozos tenían las características y limitaciones propias de la artesanía.
Se tratan de pequeños talleres donde participaban todos los miembros de la familia, los cuales, desde luego,eran los propietarios.
George Francis Lyon, un inglés que estuvo en Guadalajara en 1826,destacó el trabajo realizado por familias enteras en los pequeños obrajes ubicados en los suburbios de la ciudad.
En los talleres de Guadalajara confeccionaban principalmente rebozos de hilo de baja calidad y los llamados tàpalos, chales de calicot listados que compraban los grupos de escasos recursos económicos.
Los rebozos de seda usados por las mujeres de las clases altas, provenían de México, mientras que otros no menos finos se traían de Zamora.
Los rebozos de dos vistas tenían un precio de 20 pesos, éstos los fabricaba el Sr. Vicente Munguia desde 1833.
De cualquier forma la capital de Jalisco se distinguía por sus numerosos talleres de rebozos y chales comunes y otros artículos, entre ellos la elaboración del cuero.
Sin embargo, la producción del rebozo adquirió otra dinámica cuándo un grupo de franceses con espíritu empresarial comenzó a hacer inversiones en éste ramo.
A partir de entonces los talleres familiares fueron desapareciendo.
Mujer con rebozo,. Fotografía tomada por el destacado fotógrafo tapatío
"José María Lupercio".
Jalisco, México.