14/05/2025
“Se fue sin estrenar sus zapatos favoritos…”
Así lo dijo su hermana, con la voz quebrada, mirando la caja aún sellada en el rincón del clóset.
Tenían meses ahí. Eran unos tacones color vino, elegantes, preciosos. Se los compró con ilusión para “una ocasión especial”.
Pero esa ocasión nunca llegó.
Siempre había algo más urgente: el trabajo, las prisas, el cansancio, el “no tengo con quién salir”, el “mejor los guardo para algo importante”.
Y así pasaron los días. Las semanas. Los años.
Hasta que un dolor en el pecho la obligó a detenerse.
Y cuando por fin pensó en sacar esos zapatos y darse un gusto… ya no podía caminar.
Nunca los usó.
Los encontraron ahí, junto a un vestido nuevo, etiquetas puestas, esperando un momento perfecto que jamás llegó.
Y mientras su familia arreglaba todo para despedirla, su hermana solo repetía:
—¿Te imaginas cuántas cosas se quedó con ganas de hacer?
Qué ironía… se fue sin vivir muchas cosas por estar esperando “el momento ideal”.
Por eso hoy te digo algo con todo el corazón:
Deja de guardar tu ropa bonita para el día especial.
Ponte ese perfume aunque no vayas a salir.
Usa los zapatos caros. Estrena el vestido.
Tómate la copa. Hazte la foto. Celebra lo simple.
Porque estar vivo ya es un milagro.
Y ese café que hoy estás tomando en casa…
Ese paseo con tus hijos…
Ese desayuno con tus padres…
Ese abrazo que no diste porque “luego se lo doy”…
Todo eso… ya es una ocasión especial.
No dejes que la vida te guarde en una caja esperando tu momento perfecto.
Porque el momento es hoy.