06/08/2026
Hoy quiero compartirles algo que vivimos el lunes. ✨
Este mensaje va para todos los comerciantes, dueños de negocio, emprendedores y, especialmente, para todas las mamás. 🤍
Como saben, nos fuimos a Estados Unidos a transmitir en vivo y Dios nos bendijo de una manera increíble. 🙏 Vendimos 21 cajas de mercancía, algo que superó por mucho nuestras expectativas, ya que una semana antes solo habían salido 12. En lo personal pensé que esta ocasión sería más tranquila, pero entendí que para el Reino de Dios no existe temporada baja.
Gracias a Dios toda la mercancía llegó en perfecto estado, pero solo teníamos dos días para entregarla. Eso implicaba abrir las cajas, separar la mercancía por asesora, después por cliente, revisar que todo estuviera completo y confirmar los pagos pendientes.
El lunes comenzamos a trabajar a las 10:00 de la mañana y terminamos hasta las 10:00 de la noche. Sin embargo, ese día también tenía a mi pequeña Emilia con fiebre y vómito. Fui por ella a casa y me la llevé a la tienda porque el trabajo no podía detenerse. Estaba a mi lado, con su cobijita y una cubeta por si volvía a vomitar. Ya estaba tomando medicamento, pero seguía sintiéndose muy mal.
Decidí llevarla a urgencias. Al llegar, la clínica estaba inundada. No había pediatra de guardia y mi niña tenía la presión muy baja. Empecé a desesperarme. Estaba sola con ella y nadie podía atendernos. Pasaron casi dos horas. Llamaron a siete pediatras y ninguno podía llegar debido a las fuertes lluvias, las inundaciones y los árboles caídos.
Gracias a Dios, una amiga que es pediatra llamó a la clínica y dio indicaciones para que comenzaran a atender a Emilia. Les soy sincera: en ese momento me invadió la culpa. Pensé que debí llevarla antes. También renegué porque sentía la presión de todo el trabajo pendiente en la tienda.
Pero en medio de ese cuarto de hospital decidí hacer algo diferente.
Respiré profundo, volteé al cielo y le dije a Dios:
“Gracias, Padre. ¿En qué quieres que me enfoque?”
En lugar de seguir llenándome de miedo, comencé a cantar, a orar y a agradecer mientras le pasaban el medicamento por su venita. Emilia fue la más valiente. 🤍
Nos dieron de alta en la madrugada solo era una infección , migraña y un golpe de calor , era esperar a que actúe el medicamento . Al día siguiente el trabajo seguía esperándonos y Emilia todavía tenía fiebre, esperando que el medicamento hiciera efecto. Gracias a Dios, por la tarde comenzó a mejorar. Regresamos a la tienda y las chicas terminaron todo alrededor de las ocho de la noche. Se completaron las asignaciones, los pedidos quedaron listos y, lo más importante, mi niña ya estaba mucho mejor.
Hoy entendí que, cuando sentimos que todo depende de nosotros, Dios nos recuerda que Él sigue teniendo el control.
A veces estamos tan enfocados en el trabajo, en cumplir tiempos, en resolver pendientes y en no quedar mal con nadie, que olvidamos detenernos a ver lo verdaderamente importante.
Quizá por eso, en ocasiones, Dios nos dice: “Toma una pausa.” No para detener tus sueños, sino para recordar que tu familia, tu salud y tu paz también son parte del propósito.
Si nosotros no hacemos esa pausa, muchas veces Dios permite circunstancias que nos obligan a detenernos, no para castigarnos, sino para protegernos de algo peor y recordarnos que solo Él sostiene nuestra vida.
Hoy solo puedo decir:
Gracias, Papá Dios. Gracias porque una vez más me confirmaste que solo Tú tienes el control, que siempre vas un paso adelante y que, aun cuando yo no entiendo lo que está pasando, Tú ya estás obrando.
Sé que muchas veces los clientes no alcanzan a ver todo el trabajo y las situaciones que hay detrás para poder entregar cada pedido con amor y responsabilidad. Y está bien. Hoy simplemente quise abrirles mi corazón y compartirles lo que vivimos.
Si hoy estás pasando por una prueba, no pierdas la fe. Pronto amanecerá. Dios nunca llega tarde, nunca pierde el control y jamás abandona a sus hijos. 🤍✨
📖 “Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas.”
Proverbios 3:5-6