09/08/2026
Hoy vi esta foto y recordé uno de los días más amargos que hemos vivido con mi papá.
Después de un mes y medio en terapia intensiva, donde estuvo entre la vida y la muerte y donde las esperanzas que nos daban eran muy pocas, nos dijeron de un día para otro:
"Tu papá se va de alta mañana."
Yo me quedé en shock. Ingenuamente pensaba que a los pacientes los daban de alta cuando ya estaban mucho más conscientes y estables, pero aprendimos que muchas veces también se decide el alta porque permanecer tanto tiempo en un hospital aumenta el riesgo de adquirir nuevas infecciones.
Mi papá regresó a casa con una craneotomía, gastrostomía, hemiplejia del lado izquierdo, traqueostomía y una úlcera por presión grado 4. Se encontraba en un estado de mínima consciencia. Prácticamente solo movía lentamente los ojos y, algunas veces, la cabeza.
Además, tenía una cantidad impresionante de secreciones. Necesitaba ser aspirado prácticamente cada 15 o 20 minutos. Había estado luchando contra una Klebsiella que había afectado sus pulmones y vías urinarias.
Y nosotras… no teníamos absolutamente nada.
Solamente teníamos un aspirador, unas cuantas soluciones salinas y una silla. No teníamos guantes, gasas ni prácticamente ningún material para poder atenderlo. Tampoco teníamos experiencia cuidando a un paciente en esas condiciones.
Habíamos pasado un mes y medio sin dormir, viviendo con miedo, cansancio y angustia. Éramos dos hijas intentando aprender, de un día para otro, cómo cuidar a nuestro papá.
Y llegó nuestra primera noche en casa.
Recuerdo perfectamente el terror que sentimos.
Como no sabíamos aspirarlo correctamente, una flema terminó obstruyendo su cánula. Mi papá comenzó a ahogarse y su saturación empezó a bajar. Yo intentaba quitarla, pero tenía muchísimo miedo de lastimarlo. No sabía qué hacer.
Esa noche llamé a Protección Civil varias veces.
Nosotras temblábamos, teníamos taquicardia, náuseas y estábamos completamente sobrepasadas. No habíamos dormido prácticamente nada.
Finalmente pedí que llevaran a mi papá a urgencias de un hospital de nuestro pueblo. Del hospital donde lo habían dado de alta, mi papá solamente pasó esa noche en casa.
Cuando llegamos, recuerdo que un interno me preguntó:
"¿Y luego por qué no lo aspiraron?"
Le expliqué que sí lo habíamos intentado, pero que apenas estábamos aprendiendo.
Simplemente se fue.
En ese momento entendí que necesitábamos aprender absolutamente todo.
Una enfermera me orientó sobre lo que necesitaríamos para poder cuidar a mi papá. Descubrimos que el aspirador que teníamos tampoco funcionaba correctamente y la sonda que utilizábamos no era la adecuada.
Y comenzó otra carrera contra el tiempo.
Mientras mi papá permanecía hospitalizado, nosotras salimos a conseguir todo lo que necesitaba,gasas, guantes, sondas, y muchas cosas mas.
Pedimos ayuda a familiares, buscamos dinero, compramos materiales y conseguimos nuestro primer préstamo de $5,000 pesos. Entre ese dinero y lo que algunas personas nos ayudaron, reunimos alrededor de $7,000.
Con eso compramos una mesa de acero inoxidable, con todo lo que pudimos conseguir para preparar un espacio digno y seguro para mi papá.
La foto que acompaña este recuerdo es precisamente de aquellos días.
Nosotras intentando armar, con lo que teníamos, un lugar donde nuestro papá pudiera regresar.
Y entonces ocurrió algo que hasta el día de hoy recuerdo con mucha tristeza.
Me dijeron que firmara el alta de mi papá.
Yo me negué.
Les dije que primero necesitaba asegurarme de que el aspirador funcionara correctamente, porque no me parecía seguro llevármelo sin poder aspirarlo y sin material para poder atenderlo.
Mientras tanto, mi hermana se quedó en el hospital. Ella no sabía todos los detalles de lo que yo había hablado y, en algún momento, le dijeron que podía firmar porque supuestamente ya nos lo llevaríamos.
Ella confió.
Y firmó.
Después comenzaron las llamadas:
"¿A qué hora van a recoger a su papá?"
Yo expliqué que estábamos consiguiendo todo el material y insumos para poder traermelo.
Habíamos pasado todo el día buscando ayuda, consiguiendo dinero, comprando materiales y limpiando el cuarto donde estaría mi papá.
Pero entonces me dijeron algo que jamás voy a olvidar:
Que si no íbamos por él, se reportaría el caso al Ministerio Público por abandono del paciente.
¿Abandono?
Esa palabra me dolió muchísimo.
¿Cómo podían decir que estábamos abandonando a nuestro papá cuando llevábamos días sin dormir, buscando dinero, consiguiendo materiales y haciendo absolutamente todo lo que estaba en nuestras manos para poder cuidarlo?
Incluso me dijo esa Dra que podía llevármelo sin aspirador, que "aguantaba" mientras arreglábamos el que teníamos o conseguíamos uno.
Pero mi papá necesitaba ser aspirado cada 15 o 20 minutos. A veces podía aguantar 30 minutos, pero después comenzaba a llenarse de secreciones.
¿Cómo podía llevármelo así?
Le pedí entonces a la doctora algo muy sencillo:
"Si usted considera que mi papá puede irse sin aspirador, ¿me puede dar una orden por escrito donde usted indique que puede llevármelo sin ese equipo?"
Nunca me dieron esa orden.
Y creo que eso dice mucho.
Después me informo esa misma Dra que se había hablado con la subdirección (el que estaba antes) y que supuestamente se había dado la indicación de que se le negaran los servicios médicos y de enfermería a mi papá.
Que nosotras teníamos que aspirarlo.
Que nosotras teníamos que cambiarlo.
Que nosotras teníamos que administrarle sus medicamentos.
Recuerdo haber mirado a mi papá en aquella cama.
No podía moverse.
Tenía tantas secreciones.
Dependía completamente de otras personas.
Y pensé:
"¿Cómo puede tratarnos así?"
No porque no quisiéramos cuidar a mi papá. Por supuesto que lo haríamos.
Lo que me dolió fue la falta de empatía.
Nosotras no estábamos intentando dejarlo ahí. Estábamos intentando conseguir todo lo necesario para llevárnoslo de manera segura.
Afortunadamente, el personal de enfermería se negó a cumplir aquella supuesta indicación sin una orden escrita y firmada por la doctora.
La orden nunca se hizo por escrito.
Enfermería nos dijo que no nos preocupáramos, que termináramos de conseguir todo lo necesario y que preparáramos el cuarto.
Y eso hicimos.
Al día siguiente, alrededor de las 12 del día, regresamos por mi papá.
Esta vez sí.
Ya teníamos todo listo.
Habíamos preparado un lugar digno para él.
Lo recibimos en casa como desde el principio hubiéramos querido recibirlo.
Pero la verdad es que no teníamos el conocimiento, no teníamos los recursos y no teníamos el dinero para hacerlo desde el primer momento.
Solo teníamos miedo, cansancio y un amor enorme por nuestro papá.
Hoy recuerdo aquel día y ya no lo hago desde el enojo.
Lo recuerdo porque fue un día que se quedó para siempre en mi mente.
Un día en el que lloramos en la calle porque sentíamos que ya no podíamos más.
Un día en el que tuvimos miedo de no poder cuidar a la persona que más amábamos.
Un día en el que nos sentimos juzgadas cuando, en realidad, estábamos haciendo todo lo posible.
Y quizá eso es lo que más quisiera que algunas personas entendieran:
Las familias de los pacientes también necesitan que alguien les enseñe.
Necesitan orientación.
Necesitan tiempo.
Necesitan empatía.
Necesitan que alguien les diga qué comprar, cómo utilizarlo, cómo aspirar, cómo cambiar una gastrostomía, cómo cuidar una traqueostomía y cómo reaccionar cuando algo sale mal.
Porque no nacemos sabiendo cuidar a un paciente en estado crítico.
Y muchas veces, cuando un familiar sale del hospital, no sale solamente con un diagnóstico.
Sale con una vida completamente diferente entre las manos.
Entendemos que el personal de salud trabaja bajo muchísimo estrés, con jornadas difíciles y con una enorme responsabilidad. Valoramos profundamente su labor.
Pero también creo que las familias merecemos ser tratadas con humanidad.
Aquel día no abandonamos a mi papá.
Ese día estábamos luchando por él.
Y aunque hoy pueda recordarlo sin enojo, nunca voy a olvidar lo mucho que nos dolió sentir que, mientras nosotras hacíamos todo lo posible por mantenerlo con vida, alguien podía interpretar nuestra desesperación como abandono.
Nosotras solo éramos dos hijas aprendiendo a cuidar a su papá.
Y ese día, aunque tuvimos miedo, aunque lloramos y aunque sentimos que no podíamos más…
No nos rendimos. ❤️