09/03/2017
Para ti, amiga mía.
Tú, que me has acompañado en cada victoria y derrota a lo largo de mi vida.
Que me has visto desplomarme hasta terminar reducido a la nada.
Pero que también me has ayudado a elevarme, cuál fénix renacer de las cenizas.
Tú, que me instruías ( y lo sigues haciendo) sobre la visión y el pensamiento de la mujer, que poco a poco te volvías mi consejera de confianza.
Pero así como me has visto caer, yo también te he visto hacerlo.
Te he visto llorar, así como tú me has visto llorar.
Hemos sufrido juntos por los amores y desamores juveniles.
Hemos compartido ideas, momentos, risas, fiestas, amaneceres y lamentos.
Eres lo más cercano a una hermana.
Hemos pasado por varios filtros de amistades, muchos han llegado y muchos se han ido.
Y a pesar de todo, seguimos aquí.
Juntos y al pie del cañón, tomados de la mano esperando por lo que venga.
Y espero que así siga; quiero que conozcas a mi esposa y yo conocer a tu esposo.
Por qué ya me he cansado de verte sufrir, quiero verte realizada y feliz a lado de un buen hombre.
Quiero que conozcas a mis hijos y yo conocer a los tuyos.
Y que en algún momento de nuestra vida adulta, nos sentemos a recordar cómo nos conocimos, los momentos que vivimos, las personas que pasaron y marcaron nuestras vidas.
Gracias, de todo corazón querida amiga.
Gracias por estar aquí y por mantenerte conmigo, hermana mía.