28/08/2026
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Estamos a punto de comenzar septiembre, el mes amarillo dedicado a la prevención del suicidio y a la concientización sobre la salud mental. Y aunque cada vez vemos más campañas en redes sociales, la realidad es que hablar del dolor sigue siendo uno de los actos más desafiantes para nuestro cuerpo.
Desde la psicología informada en trauma y la tanatología, sabemos que la depresión severa y la ansiedad crónica nos mienten. Convencen a nuestro sistema nervioso de que estamos solos, de que somos una carga y de que el aislamiento es el único camino seguro.
Por eso, este mes quiero invitarte a que pasemos de los lazos amarillos a las acciones que verdaderamente co-regulan y salvan vidas:
Pedir ayuda es un triunfo biológico: Si hoy estás atravesando un momento de oscuridad y te atreves a decir “no estoy bien”, quiero que sepas que no eres débil. Es tu instinto de supervivencia luchando por ti, buscando un lugar seguro para sostenerte. Escúchalo.
Acompañar sin intentar “arreglar”: Muchas veces, cuando alguien nos comparte su sufrimiento emocional, nos asustamos y respondemos con frases como “échale ganas” o “todo va a estar bien”. Pero lo que verdaderamente necesita un sistema nervioso en crisis no es un consejo, es presencia. Es alguien que pueda sentarse en la oscuridad a su lado sin juzgar su dolor.
Ser un refugio: Hablar de suicidio no lo provoca; el silencio, el tabú y la vergüenza son los que aíslan. Nombrar el dolor es el primer paso para quitarle su poder.
Respira profundo. Que este septiembre amarillo nos recuerde que la empatía, la paciencia y un “aquí estoy para ti” genuino pueden ser la diferencia entre rendirse y encontrar un respiro. No tienes que poder con todo tú sola.