16/03/2022
Hola, amigos:
¿Se acuerdan de mi nota del día 15 de febrero que les platiqué de una de mis Margaritas, una niña de dos años traviesa y feliz, a la que no aguantaban en la guardería?
Pues la corrieron. La votaron, la echaron para afuera por no portarse como una niña “normal”. Es decir, por no dormirse a la hora que quería la directora, por escaparse al jardín a perseguir mariposas, por entusiasmarse de todo y por no estarse quieta viendo la televisión.
Para consternación de su mamá, la expulsaron.
Yo le dije: “No se preocupe, señora, es una fortuna que la hayan sacado de ahí”
Hoy, Margarita lleva dos semanas en una nueva guardería en la que todos los niños de su edad que lo desean, corren, juegan y son felices, porque la directora sabe que eso es lo normal.
Desde luego, hay niños de temperamento más tranquilo, que son felices sentaditos jugando con juguetes para armar y que prefieren leer un cuento en paz a salir a corretear en el jardín. Esos pequeñitos también son completamente normales y también necesitan espacio y tiempo para ser sencillamente como son.
¡Cuánto nos falta en este país para entender al niño!
Necesitamos pedagogos que entiendan que los niños son INDIVIDUOS, con todo lo que eso significa. Es decir, personas únicas e irrepetibles, con comunes denominadores si se quiere, pero con personalidades únicas y que no pueden ser tratados en masa, como si fueran borreguitos en un corral.
Quise poner esta notita hoy para que sepan que tuvimos un final feliz.
¡Saludos!