02/06/2026
Este video tiene aproximadamente 10 años.
Era uno de mis primeros ensayos para una competencia y, aunque en ese momento ya tenía dos años dando clases, después de 10 años de haber empezado como alumna, hoy puedo ver muchas cosas que todavía estaba aprendiendo.
Mis movimientos no estaban tan limpios como ahora. Mi técnica seguía desarrollándose. Mi interpretación seguía madurando.
Y justamente por eso decidí compartirlo.
Porque estamos tan acostumbrados a ver en redes sociales solo el resultado final, que a veces olvidamos que todos tuvimos un inicio.
Vemos una bailarina, una profesora, una artista o una emprendedora y pensamos que siempre fue así.
Pero no.
Detrás de cada logro hay horas de práctica, dudas, errores, ensayos, caídas, levantadas, correcciones y mucho aprendizaje.
En esa época yo solía escuchar la música una y otra vez. A veces la tarareaba. A veces contaba la veces que se repetían frases rítmicas. Después simplemente improvisaba y me grababa.
No siempre sabía qué iba a hacer.
De todo un ensayo quizá rescataba un movimiento, una secuencia o una sensación que me gustaba. A partir de ahí comenzaba a construir.
La música sonaba y yo intentaba responder con mi cuerpo.
Hoy veo este video y me siento agradecida de no haber esperado a ser perfecta para empezar.
Porque la danza, como muchas cosas en la vida, no sucede de un día para otro.
Vivimos en una época donde todo parece inmediato, pero el arte tiene sus tiempos.
La técnica necesita práctica.
La confianza necesita experiencia.
La interpretación necesita inspirarse del vivir.
Y ninguna de esas cosas se puede acelerar.
Antes de ser profesora fui alumna.
Y después de convertirme en profesora seguí siendo alumna.
Porque en la danza nunca dejamos de aprender.
Quizá este video no es perfecto.
Pero es.
Y me recuerda que todo aquello que hoy hacemos con seguridad, alguna vez lo hicimos por primera vez.