01/08/2025
“Cuando te conviertes en madre, hay amistades que desaparecen🥀 y otras que nacen 🌹”
Cuando fui mamá, literalmente mi vida dio un giro completo. Algunos planes los aplacé para después. Rechacé el empleo que me ofrecieron y era prometedor, solo por quedarme en casa con mi bebé. Suspendí el viaje que tanto había querido y sin duda… perdí amistades que consideraba realmente buenas.
Este último punto me llevó a darme cuenta de que realmente los amigos se cuentan con los dedos de una mano. Fue triste y doloroso verlo de esa manera, que poco a poco ellos se fueron abriendo de mi círculo y se fueron alejando, sin decir más. Las llamadas, los mensajes, las felicitaciones por el nacimiento de mi bebé y de mi cumpleaños fueron totalmente nulas al paso del tiempo.
Me rehusé a dejar esas amistades de años, y seguí buscándoles por cuenta propia, pues como dice el dicho: “si la montaña no viene a ti, tu ve hacia ella”; opté por hacerlo y tratar de conseguir, aunque sea una charla con café, sin alcoholes como en los viejos tiempos y recordar nuestras épocas doradas de amistad.
Pero la respuesta fue en vano y cuando por fin me contestaban el teléfono eran excusas como: “yo te llamo después”, “disculpa, es que tengo mucho trabajo”, “amiga tengo varios compromisos personales, espero me entiendas”, “claro, hay que salir, pero solas… no te lleves al bebé”. Y la lista podría ser interminable.
Yo necesitaba un respiro en mi caótica maternidad. Deseaba una plática de desahogo y si por alguna extraña razón se tocaba el tema con una de mis amistades, al preguntar: “¿y tú que has hecho? ¡cuéntame!” No hacía otra cosa que hablar de leche, pañales, juguetes, cansancio y felicidad por tener a una nueva personita en mi vida. Y eso era suficiente para que no se volviera a repetir un encuentro como tal.
Muchas de las personas que creí que eran amistades y que me entenderían perfectamente, me dejaron completamente sola. Y un día, sin pensarlo un grupo de mujeres desconocidas que al igual que yo eran madres, me invitaron a formar parte de un círculo de crianza y fue en ese entonces que pude encontrar un sitio donde me sintiera incluida, apoyada y respaldada.
Aquel grupo era como un clan o una familia donde recibía acompañamiento en mis dudas de este camino llamado maternidad. Y de esas nuevas amistades algunas perduraron, otras también se alejaron, pero sin duda aprendí de ellas y es algo que realmente agradezco, porque me reivindiqué como madre y mujer. Porque como mujeres podemos aportar mucho a la mano que más lo necesita, sin juzgar, sin señalar e incluir. Sin duda alguna, yo no perdí amigos, yo seleccioné a mi círculo, a las mujeres de mi vida, a mi TRIBU. Y tú, ¿cuentas con una tribu?