14/02/2025
En otra línea del tiempo, en otro universo, Superman no fue el símbolo de esperanza que todos conocemos.
Kal-El no aterrizó en una pacífica granja en Kansas. Su nave se estrelló en el corazón de Metrópolis, reduciendo la ciudad a cenizas y desviviendo a cientos de personas en el impacto. El gobierno de los Estados Unidos actuó de inmediato: lo capturaron antes de que pudiera entender quién era y lo convirtieron en un experimento viviente.
Años de aislamiento.
Años de pruebas.
Años de tortura bajo un sol rojo.
El "hombre de acero" nunca conoció la bondad de los Kent. Nunca aprendió sobre el sacrificio, la moral o la justicia. Lo único que conoció fue el miedo y el dolor.
Pero entonces, todo cambió.
Flash, Cyborg y Batman irrumpieron en la base secreta para liberarlo. Lo necesitaban en su lucha desesperada por arreglar el desastre en el que se había convertido el mundo. Esperaban encontrar un héroe.
Lo que encontraron fue un mensajero del apocalipsis.
Cuando Superman sintió la energía del sol amarillo por primera vez, su verdadero propósito despertó en su interior. Las voces de su raza resonaron en su mente:
"Kal-El, hijo de Krypton… La humanidad es una plaga. Su destino es perecer."
Fue en ese momento cuando lo comprendió todo. Su misión nunca fue convivir con los humanos. Su padre, Jor-El, lo había enviado para conquistarlos, para preparar la Tierra para la llegada de su verdadera gente.
Mientras los héroes lo miraban, esperando que dijera algo inspirador, Superman simplemente los dejó atrás y ascendió a los cielos.
Su destino estaba claro.
El exterminio de la humanidad había comenzado.