24/10/2025
No se puede negar
No nos podemos dejar ir.
Y lo entiendo… quién sabe cuántas vidas nos hemos estado buscando para llegar justo a este instante, a este punto exacto del tiempo donde nuestros caminos se cruzan y algo en nosotros recuerda.
No se puede negar lo que el cerebro intenta entender, lo que el corazón late sin permiso y lo que el alma simplemente sabe.
Sí, tenemos miedo. Pero también tenemos ganas, muchas ganas, de ver qué pasa cuando el miedo no manda.
Esto que arde entre nosotros no es un fuego cualquiera.
Podría consumirnos si no lo cuidamos, o podría ser ese fuego sagrado que transforma, que limpia, que enseña. Ese fuego que no destruye, sino que despierta.
Contigo entendí que uno puede ser el viaje, pero no siempre el destino.
Y sin embargo, tú fuiste ambos: el camino que me mostró lo que soy y el lugar donde entendí por fin que amar no era poseer, sino ver, acompañar, y dejar ser.
Eras ese viaje que uno hace de niño, con los ojos abiertos al asombro y el corazón dispuesto a todo.
Al principio no sabía cómo apreciarte, pero a medida que el tiempo pasaba, solo quería que el trayecto no acabara nunca.
Y entonces lo comprendí:
no eras un simple viaje…
eras el jodido destino final,
la parada donde uno aprende a soltar, a amar sin cadenas, a quemarse sin miedo.
Sí, habrá otros viajes, otros paisajes, otros latidos.
Pero hay fuegos que dejan su marca en la piel del alma.
Y tú, tú fuiste ese incendio al que uno regresaría sin dudar,
porque no se puede negar cuando algo te enseña a vivir despierto.
El Māgø