21/09/2025
Alquimia de una lágrima.
Una lágrima es una semilla donde nace una flor. La energía de una lágrima viaja a través del cuerpo hasta que decide que es momento de liberarse.
Recorre el laberinto recolectando partes del ser. Recordando dónde está la entrada. La salida. En su recorrido alquimiza los miedos, los malentendidos, la confusión, la ignorancia.
Lagrimas…. Los bebés no producen lágrimas. Aún así, siempre las he amado. Aunque imagino que de bebé yo tampoco las tenía; a edad muy temprana comprendí el poder curativo de las lágrimas.
Eran mis compañeras leales y puntuales. También eran el líquido ardiente y vergonzoso que corría por mis mejillas sonrosadas y bronceadas, escapándose de mis ojos de follaje.
Eran el símbolo del oculto abandono interior; circulando por mi laberinto subterráneo, fusión de plasma y tiempo. Pulsando constantes.
Mi primer recuerdo llorando, fue cuando no alcancé suficientes monedas en el “Voló padrino”; en el techo de la casa bajo un sol revelador.
Gritos de emoción por todos lados. Mi vestidito rosa de florecitas, voile de algodón… zapatos escolares negros “Agus” calcetines blancos con elástico flojo.
Y enseguida mi cara caliente, explosión ardorosa de dolor de extravío que salía de mis ojos. Mi abuela, la que aprendió de su madre a nunca quejarse, a nunca mostrar pena o dolor, consolándome.
Amargo dulzor. Sabor a sal.
De ahí, prohibición silenciosa de lágrimas, quizás yo misma me las prohibí; porque veía la tristeza de las pérdidas de mis padres.
Tanto fuego, tierra y aire a mi alrededor.
Lágrimas, su susurro es suave, se construyen casi en silencio, a la par que viajan y se mueven a través de recovecos velados en el inframundo celular.
Suelen esperar los vientos del vacío y la desconexión, y cuando soplan lo suficiente fríos y borrascosos; perciben el llamado y salen.
El silencio es su portal, se reúnen presurosas, con su sabiduría interior, recordando a donde deben de ir.
Las lágrimas son las semillas sagradas, donde nacen las flores.