30/08/2026
LA ROCA QUE APARECE Y DESAPARECE
Volcán del Molcajete, San Luis Mextepec.
Hay historias que conoce un pueblo entero.
Hay otras que apenas recuerdan unas cuantas personas.
Y después están aquellas que, por alguna razón, parecen destinadas a permanecer entre muy pocos.
Esta es una de ellas.
En el Volcán del Molcajete existe una roca que no siempre está ahí.
No es una roca particularmente grande. Tampoco tiene una forma que, a primera vista, permita distinguirla de las demás rocas del volcán.
Pero hay algo extraño en ella.
A veces aparece.
Y a veces desaparece.
El primero en darse cuenta no estaba buscando ninguna piedra misteriosa.
Era un escultor pétreo que llevaba horas trabajando la lítica en el volcán. Cansado, decidió descansar unos minutos y buscó un lugar donde sentarse.
Fue entonces cuando encontró una roca.
Se sentó sobre ella sin darle mayor importancia.
Pero después de unos momentos algo le hizo detenerse.
La observó.
Recordó que, poco antes, había estado trabajando exactamente en ese lugar.
Y aquella roca no estaba ahí.
No había ningún sitio donde sentarse.
Estaba seguro.
Sin embargo, no hizo nada.
Pensó que quizá simplemente no la había notado.
Continuó trabajando.
Pero el detalle quedó guardado en su memoria.
En la siguiente sesión de lítica volvió al mismo lugar.
Y entonces comenzó a sospechar.
La piedra estaba nuevamente ahí.
Esta vez decidió no perderla de vista.
Continuó trabajando y cada ciertos minutos dirigía la mirada hacia ella.
La observaba desde distintos ángulos.
Esperaba.
Pasó el tiempo.
Hasta que ocurrió algo que no pudo explicar.
A una hora determinada —una hora que después llamaría la hora mágica— la cara más oculta de la roca comenzó a comportarse de una manera extraña.
No parecía piedra.
Parecía un espejo.
Una superficie que durante todo ese tiempo había permanecido escondida entre las sombras adquirió una apariencia completamente diferente.
El escultor se acercó.
La observó.
Movió la cabeza.
Cambió de posición.
Y el reflejo continuaba ahí.
Por unos instantes, aquella roca parecía guardar una superficie imposible.
Un espejo escondido en su propia cara.
Después, poco a poco, el fenómeno desapareció.
La roca volvió a parecer una roca común.
Desde entonces comenzó a observarla cada vez que trabajaba en el volcán.
Y descubrió algo todavía más extraño:
la piedra no siempre aparecía.
Había días en que estaba.
Otros en los que no.
Y cuando aparecía, no cualquiera conseguía descubrir lo que escondía.
Algunos pasaban junto a ella sin notar absolutamente nada.
Otros podían verla durante horas y jamás encontraban el momento.
Pero quienes conocían la hora exacta y sabían dónde mirar podían descubrir, durante unos minutos, aquella superficie que parecía convertir la piedra en un espejo.
Por eso casi nadie conoce la historia.
No porque alguien haya querido convertirla en un secreto.
Sino porque la propia piedra parece encargarse de escoger quién la encuentra.
Algunos dicen que simplemente es una ilusión provocada por la luz.
Otros creen que la forma de la roca y el reflejo del cielo producen el efecto.
Y hay quienes prefieren no buscar una explicación.
Porque existe una pregunta que permanece:
¿cómo pudo aparecer una piedra donde momentos antes no había lugar para sentarse?
Desde entonces, entre quienes trabajan y caminan por las laderas del Volcán del Molcajete, existe una historia que se cuenta en voz baja.
La historia de una roca que no pertenece completamente al paisaje.
Una roca que aparece.
Una roca que desaparece.
Y que, durante una hora determinada, guarda un espejo en su rostro más oculto.
Tal vez solamente algunos tienen la capacidad de verla.
O tal vez…
la roca decide cuándo dejarse encontrar.
Y cuándo volver a desaparecer.
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