15/04/2026
LA LLAMADA...
Abrí los ojos sobresaltado. El teléfono no paraba de vibrar sobre la mesa, iluminando la habitación en penumbras. Miré la hora: 3:33 AM.
La pantalla mostraba: "Llamada entrante - Desconocido".
—¿Quién carajos llama a esta hora? —murmuré con voz ronca, contestando de mala gana.
—¿Bueno ?—dije.
Solo se escuchaba un sonido pesado, como respiración agitada mezclada con estática.
—Habla, o cuelgo —amenacé.
—No... no cuelgues —respondió una voz grave, distorsionada, como si saliera de muy profundo—. Tienes que escucharme.
Me senté en la cama, molesto pero intrigado, algo me decía que tenía que escucharlo.
—¿Quien eres?— ¿Que quieres?—¿Eres tú el que me ha estado vigilando estos días? —pregunté, recordando la sensación constante de ojos clavados en mi espalda.
—Sí... yo te he estado vigilando —dijo la voz—. He visto todo lo que haces cuando crees que nadie te mira. He visto lo que escondes, los lugares a los que vas, y lo que cargas dentro de ti.
La sangre se me heló. Nadie podía saber eso. Yo era cuidadoso, nunca hablé con nadie.
—¿Quién eres? ¿La policía? —susurré, poniéndome tenso.
—No soy la policía —rio la voz, una risa seca y sin alegría—. Soy mucho peor. Soy la única verdad que te has estado negando a ver. Mira a tu alrededor. ¿Sientes ese frío que te recorre la espalda? ¿Sientes que el aire es pesado y que no puedes moverte bien? Te está esperando en la puerta.
Miré hacia la puerta. Estaba abierta. Y en la oscuridad del pasillo, vi una figura alta, encorvada, con ojos rojos brillantes. Estaba ahí. La cosa que me acechaba.
—Lo veo... —tartamudeé—. Está ahí. Esa cosa... ¿qué quiere de mí?
—Viene por ti —dijo la voz con dureza—. No es un monstruo cualquiera. Es tu guardián, tu verdugo. Viene porque has manchado tus manos de sangre.
—¿De qué hablas? —grité, fingiendo enojo.
—¡No mientas! —tronó la voz—. Tú eres un asesino. Has quitado vidas inocentes, has disfrutado del miedo y agonía de otros y ahora... ahora es tu turno de sentir lo mismo.
—¡No! —grité, sintiendo cómo el pánico me invadía—. ¡Yo no quiero morir! ¡Dime qué hacer!
—Es tarde —susurró la voz, volviéndose extrañamente triste y familiar—. Ya no puedes huir, ya no puedes evitarlo, míralo con tus propios ojos.
La figura en la oscuridad comenzó a caminar hacia mí, lentamente, arrastrando los pies. Su sombra era gigante.
—Dime... ¿por qué crees que no sientes tus piernas? ¿Por qué crees que no recuerdas cómo llegaste a esta cama hace tres noches? ¿Por qué tu piel está tan fría?
—No... no sé...
— Tú ya estás mu**to —sentenció la voz—. Tu cuerpo ya no existe, pero tu alma se quedó atrapada aquí, viviendo una mentira, repitiendo el mismo día, sin aceptar la realidad.
—Me toqué el cuello. Estaba rígido, helado.—y esa cosa que ves ahí... —continuó la voz— ...no viene a matarte. Viene a recordarte que esto que ves no es tu casa...
Que ya estás en el in****no. Y yo... yo soy tú.
Soy lo que queda de tu conciencia podrida llamándote para decirte...
La cosa se detuvo justo frente a mí. Levantó una mano esquelética y señaló el teléfono que tenía en la mano.
—...que la llamada que estás contestando... la estás haciendo tu...
En ese momento, la pantalla del celular se reflejó en mis ojos vacíos. Y vi la verdad.
El número que estaba llamando... era mi propio número.
Y la voz al otro lado... ya no sonaba por el auricular.
Sonaba dentro de mi cabeza, mientras la criatura me tomaba del brazo y susurraba:
—Aquí vas a quedarte... para siempre.