28/06/2025
Hoy es el Día del Orgullo. Un día que no debería ser visto como una simple excusa para celebrar por inercia o por moda. Es un día para reflexionar. Un día que nos recuerda que el orgullo no es libertinaje, ni provocación gratuita, y mucho menos es una invitación al desprecio por los derechos de los demás. Es, ante todo, un acto de dignidad humana. Porque eso somos: seres humanos. ¿Verdad?
Desde esta tribuna —y desde la intimidad de cada hogar— debemos aplaudir quiénes hemos sido, quiénes somos y quiénes podemos llegar a ser. Hoy celebramos la diversidad, sí. Pero también debemos celebrar la responsabilidad, la empatía y el respeto por el otro, sin importar su identidad o forma de amar.
Sé que cada quien es libre de vivir su vida como desee. Pero incluso la libertad tiene límites: el límite del respeto, el límite de la conciencia, el límite de no hacer daño. Ser distintos no es excusa para ser indiferentes, ni para olvidar los valores que nos sostienen como comunidad: la humanidad, la educación, la lealtad a nuestros principios. Porque sin ellos, no somos más que parte del problema.
Quiero hacer un llamado claro y urgente, especialmente a las figuras públicas: no romantizar enfermedades de transmisión sexual. No se trata de estigmatizar, sino de educar. Lo mejor que podemos hacer es cuidar nuestra salud, la de nuestros pares, y sobre todo, hablar con razón y coherencia. Somos responsables de nuestros actos. Y asumirlos, sin excusas ni culpables externos, es un acto de madurez y verdadero orgullo.
Duele decirlo, pero una de las formas más crueles de discriminación no viene de afuera, sino desde dentro de nuestra propia comunidad. El desprecio entre nosotros, las divisiones, los juicios... eso sí que es inaceptable. No estamos aquí para repetir los errores de quienes nos marginaron. Estamos aquí para sanar, para unir, para construir.
A lo largo de estos años me ha tocado escuchar historias dolorosas. Jóvenes, casi niños, que mueren a causa del VIH. Y lo más triste es escuchar cómo se repiten patrones, cómo se normalizan conductas sin conciencia, sin educación, sin amor propio. No podemos permitirnos seguir repitiendo lo mismo. Tenemos que parar y reflexionar.