12/07/2026
Han pasado casi 20 años desde que se tomó esta fotografía, y al verla vuelven a mi memoria tantos recuerdos, enseñanzas y momentos que marcaron mi vida.
Hoy quiero agradecer, primero a Dios, por haber puesto en mi camino a una persona extraordinaria. Recuerdo que cuando llegué a su taller ya no había espacio para un ayudante más, pero aun así decidió darme una oportunidad. Esa decisión cambió el rumbo de mi vida.
Gracias, sra Rosa Chavez Estela, por creer en mí cuando apenas estaba dando mis primeros pasos en el mundo de la confección. Gracias por enseñarme que este oficio no solo se aprende con las manos, sino también con disciplina, paciencia, responsabilidad y amor por lo que uno hace.
Nunca olvidaré que, cada vez que me equivocaba, usted no me hacía sentir menos. Me corregía con firmeza, pero también con la intención de hacerme crecer. Aún resuenan en mi mente sus palabras:
"Vuelve a hacerlo... tú puedes, no perdamos tiempo."
En aquel momento eran una exigencia; hoy entiendo que eran una muestra de confianza y una invitación a dar siempre lo mejor de mí.
Con usted aprendí los secretos de la confección, pero también aprendí valores que me han acompañado toda la vida. Muchas de las cosas que hoy sé, enseño y comparto con otras personas nacieron en ese taller y gracias a sus enseñanzas.
De todas las personas que tuve como jefes a lo largo de mi vida, usted ocupa un lugar muy especial en mi corazón. Su ejemplo dejó una huella que el tiempo no ha podido borrar.
Gracias por su paciencia, por sus consejos, por su exigencia y por enseñarme a trabajar con orgullo y dignidad.
Casi 20 años después, solo puedo decir una vez más: gracias. Su enseñanza sigue viva en lo que confecciono y en cada persona a la que hoy tengo la oportunidad de enseñar. Dios la bendiga siempre.