13/05/2019
Reflexiones post día de la madre:
Ayer fue el día de la madre.
De las madres que no pudieron tener su parto natural porque el hospital las llamó “indias” o la clínica les hizo una cesárea innecesaria.
De las madres que no pudieron dar teta y lloraron mientras la suegra las criticaba. De las madres que no pueden comprar la fórmula así que se resignan a seguir dando una teta que ya no disfrutan, adoloridas, cansadas.
De las madres que le pasaron el celular a la guagua para poder almorzar, mientras por su cabeza pasan estudios del daño que hacen las pantallas. De las madres pegadas al celular mientras columpian a sus guaguas, solo para poder tener una interacción adulta, solo para poder abstraerse un poco.
De la madre que quiso abortar pero no pudo. De la que no sabe quién es el padre. De la que está criando sola, la que tuvo que apechugar porque el “padre” no quiso.
De la madre que cría en pareja y que tiene siete horas de trabajo doméstico extra a la semana, solo por vivir con un hombre. De la madre que no entiende por qué es ella la que pasa la noche en vela mientras su “compañero” duerme.
Ayer fue el día de la madre que hierve un par de vienesas porque no tiene tiempo ni ganas de preparar una cena saludable. Porque le duelen los pies y la espalda y la cabeza y el corazón. La madre que va al baño con una guagua en brazos, la madre que lleva dos días sin lavarle los dientes a su hijo para no tener que pelear. La madre que quiere llorar pero debe seguir cantando hasta que se duerma la guagua. Quiere comer pero hay tanta ropa por lavar. Quiere dormir pero hay que preparar las colaciones. La madre que quiere morir pero debe seguir viviendo.
Ayer fue el día de la mujer que se posterga. La mujer abnegada. La mujer que “dio todo por ti” y que todo el mundo critica. Porque no fue perfecta. Porque fue descuidada, demasiado permisiva o demasiado estricta. Demasiado ella cuando tenía que ser un arquetipo. Cuando tenía que ser una máquina perfecta de abnegación y sacrificio.
Pero fue la única que te abrazó cuando te caíste. Fue la única que te tenía la comida lista cuando llegabas de noche. La única que te acarició el pelo cuando llorabas. No fue perfecta, no fue ideal. Pero lo que te dio fue lo único que tenía para darte, y te lo dio todo, desde su carencia y su humanidad.
Cuando los hombres aprendan a vivir por otro ser humano, cuando los padres aprendan a hacerse cargo de los niños que traen al mundo, ahí recién la madre no será una figura de abnegación y sacrificio. Ahí recién la madre podrá ser plenamente humana. Cuando nos demos cuenta que la crianza es una tarea de toda la comunidad las madres seremos libres.
Por ahora, somos lo único que salva a la humanidad de la desesperanza. Pero estamos cansadas, y estamos solas.
Feliz día mamá.