26/09/2020
Hola amigos:
- Una disculpa, doctor, - me dijo muy apenada la mamá de Tomasito al despedirse.
Ella se disculpó porque durante la consulta, Tomasito se portó “fatal”. Tiene dos años de edad, el pelo chino y cara de travieso. Pronto me di cuenta de que no nada más la cara. Es travieso desde los pies hasta el último rizo de su cabello ensortijado.
Pero por su edad, no solamente es travieso. También es “llorón”, lo que está perfectamente bien. Tiene todo el derecho.
El caso es que la exploración física fue, como suele serlo a estas edades, todo un reto: Pataleó, gritó, chilló, escupió, y se defendió todo lo que pudo. Como “gato panza arriba”, digamos. No obstante, la exploración física era indispensable, así que entre su mamá y yo tuvimos que sujetarlo para poderlo revisar. Como les digo, nada fuera de lo normal a esas edades.
Pero la mamá de Tomasito estaba apenada. Ella sentía que Tomasito se portó mal y como es una señora muy fina y educada, se disculpó por su bebé. Al fin de cuentas, Tomasito es apenas un bebé.
La detuve:
- Espere, señora, - le dije. – Por favor no se disculpe. Tomasito no se portó mal. Se portó como niño de dos años. Es decir, se portó bien. A esa edad, los niños sienten un terror irracional por los extraños y resulta que para él, yo soy un perfecto extraño. Tomasito tiene “ansiedad de separación”, - le expliqué – eso quiere decir, que separarse un segundo de sus brazos, sobre todo cuando usted “lo entrega” a un desconocido, para él es una experiencia aterradora. Su bebé no está fingiendo. La angustia que demuestra y el terror con que reacciona son muy reales. Y no es porque vaya “para atrás”, como seguramente le dirán. Al contrario. Su niño está avanzando.
Si alguien le dice que su niño está “chiflado”, que necesita unas nalgadas o que debe dejarlo llorar para que se le quite lo chillón o para que se acostumbre, por favor, no haga caso.
Usted abrace a Tomasito, tranquilícelo, que eso es lo que el pequeño necesita, y dele toda la seguridad que pueda.
Amigos: la ansiedad de separación es una etapa que se supera casi siempre al llegar al preescolar. Mientras tanto, hay que dar muchos abrazos, mucho cariño y tener mucha paciencia. Insisto: los niños no fingen el terror que manifiestan ante los extraños y ante la ausencia de sus padres o figuras de apego. Es un terror real y nosotros los adultos debemos saberlo, comprenderlo y actuar en consecuencia. De otra forma, el daño al niño sí será muy real. Está demostrado.
Por favor, divulga esta información, para que más papás sepan contener y apoyar a sus bebés en esta etapa, que aunque difícil a veces, es maravillosa.
¡Saludos!