23/02/2026
Vine a la playa para no pensar.
Para descansar la cabeza.
Para dejar de exigirle ideas al cuerpo.
No traje mi cuaderno.
No traje lápices.
Ni siquiera traje la intención de crear.
Pero el mar tiene algo…
te ordena por dentro.
Saqué una servilleta casi sin querer.
La apoyé sobre la mesa todavía húmeda.
Y empecé a dibujar.
La tinta se corría un poco.
La servilleta se doblaba.
La lapicera raspaba el papel fino.
Y sin embargo…
ahí estaba.
La cintura alta que me gusta.
El botón firme.
El bolsillo profundo.
El ruedo amplio, con movimiento.
Dibujé como cuando era chica.
Sin pensar si está “bien”.
Sin medir proporciones.
Solo sintiendo.
Y entendí algo:
Aspel no nace en el taller.
Nace en estos momentos.
En esta necesidad suave de crear aunque no tenga herramientas.
Quizás esta colección sea eso.
Más honesta.
Más cruda.
Más cercana a la mujer que soy cuando nadie me está mirando.
Y eso…
me emociona un poco.
Aspel empieza donde me permito ser.